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A partir de los años ochenta hasta la Gran Recesión 2008-2009, durante la vigencia del capitalismo neo-con del siglo XX, el neo-conservadorismo imperante (neoliberalismo en el Sur) intentó universalizar los mercados en todos los ámbitos, incluyendo la seguridad, la salud, la educación y las pensiones. Más aún, intentó que se auto-regularan.
No obstante, uno de los aspectos notables del capitalismo del siglo XXI que comienza a emerger es un nuevo ordenamiento del sistema económico, distinto al pretendido. En este, los mercados, sin duda, seguirán existiendo como mecanismo de transacción para numerosos bienes y servicios. En muchos casos operarán en nuevas modalidades como Uber o Airbnb. Seguramente serán mejor gestionados con una regulación mucho más acertada, que promueva la competencia, combata los monopolios y carteles, y supere la ideología de la auto-regulación.
Pero para otros bienes y servicios, cada vez más numerosos e importantes, el mercado está desapareciendo como mecanismo de transacción pues son gratuitos. La mayor parte están ligados a las nuevas tecnologías. Las ilustraciones son notorias: Linux, un sistema operativo para computadoras, fue creado por desarrolladores de software de manera gratuita y está disponible para todo el mundo también gratuitamente. Firefox y Android, un buscador de información y un sistema operativo para teléfonos celulares inteligentes, respectivamente, fueron desarrollados y ofrecidos al público también gratuitamente. Wikipedia, tal vez la enciclopedia más completa y extensa jamás creada, disponible en varios idiomas, es alimentada y usada en forma gratuita por cientos de colaboradores y millones de interesados, respectivamente, y gestionada por un grupo reducido de personas financiadas por donaciones principalmente de fundaciones.
Este segundo grupo de bienes y servicios tiene todas las características de lo que se conoce como bienes públicos, es decir que no son rivales ni excluyentes como los bienes privados. Por ejemplo, una manzana es un bien privado: una vez que se consume nadie más puede consumirla, y es excluyente, si yo la poseo nadie más la posee. El más notorio de los bienes públicos clásicos es tal vez la seguridad; podría añadírsele solidaridad, es decir la necesidad de los seres humanos de recibir apoyo de otros seres humanos no necesariamente en forma tangible. Los bienes públicos han existido desde siempre y los mercados no pueden ofertarlos eficientemente. Lo que está sucediendo ahora es que están aumentando de una manera inesperada y extensiva.
Existe un tercer tipo de bienes y servicios para los cuales el mercado está desapareciendo: los bienes y servicios compartidos. Son cada vez más populares y frecuentes gracias a las nuevas tecnologías. Por ejemplo, dos o tres personas, no necesariamente conocidos, en lugar de contratar un taxi acuerdan usar alternadamente su respectivo automóvil y compartirlo. Sin embargo, no es una práctica nueva: en la tradición andina son comunes las mingas, es decir trabajos para ayudar a algún prójimo con el convencimiento que esa misma ayuda será recibida cuando se trate de arreglar lo propio.
Un cuarto tipo de bienes y servicios son los llamados bienes comunes. Para algunos autores, si los agentes económicos actúan independientemente explotando un recurso común acaban sobrexplotándolo en perjuicio de todos. Así, para ellos, la solución consiste en generar derechos de propiedad individual o introducir la gestión de algún agente externo. Elinor Ostrom, Premio Nobel de Economía 2009, demostró que el caso general, más eficiente, no es la privatización de esos bienes y su procesamiento a través de los mercados si no su administración por los mismos usuarios a través de acuerdos de cooperación.
Resulta paradójico que la disminución de la importancia de los mercados sea una consecuencia casi directa del propio éxito del capitalismo. Su acelerado desarrollo tecnológico, nunca antes visto, es lo que ha facilitado la aparición de bienes y servicios con costos marginales cero, bienes y servicios compartidos y la clarificación de la gestión de los bienes comunes.