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Peñalosa en movilidad: cuatro meses, cuatro aciertos

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Aunque la administración no ha logrado llenar las expectativas generadas en la campaña, cuatro acciones en temas claves (SITP, bicicletas, seguridad vial y Uber) demuestran que hay potencial de cambio. Si estas acciones trascienden la presión de los primeros meses por mostrar resultados, sin duda Peñalosa entregará en 2020 una ciudad diferente en movilidad.

Aunque en su posesión trató de manejar las expectativas frente a su mandato, en la campaña y como mandatario electo prometió grandes cosas sin darse la oportunidad de entender qué hay y cómo la ciudad que recibe es diferente a la que le entregaron hace 20 años. Si bien la inacción de la administración pasada le dio la oportunidad de mostrar mejoras sin tener que hacer esfuerzos, hay que destacar cuatro enfocadas en lo que más necesitamos los bogotanos.

La primera y más reciente es haber declarado el incumplimiento del contrato de operación de las empresas Coobús y Egobús del SITP. La administración Petro trató de mantener estas empresas con argumentos dogmáticos de participación del pequeño empresario, y es positivo que Peñalosa haya decidido jugar del lado de una ciudadanía con necesidades apremiantes en transporte público. Parece mucho más sensato buscar alternativas para resolver la situación de los pequeños empresarios que limitar la accesibilidad de millones al transporte público. Esta es la primera de muchas medidas que se requieren para resolver el caos del SITP en cuanto a falta de rutas y buen servicio. Ojalá la valentía se complemente con cabeza fría para no apresurarse a entregar, sin proceso apropiado, las rutas en Suba, Perdomo y Fontibón, gravemente afectadas por el incumplimiento de los antiguos operadores.

Un segundo acierto es haber resuelto la carrera 11 y no simplemente devolviéndose a lo que existía, sino aprovechando la oportunidad para implementar una medida que les da prioridad a los ciclistas y resuelve de paso el conflicto que existía entre éstos y los peatones. Lo anterior no sólo es consistente con la visión peñalosista de los biciusuarios como “héroes urbanos”, sino que es técnicamente correcto en tanto logra dos objetivos que normalmente son opuestos: mejorar la movilidad y al mismo tiempo reducir la accidentalidad.

El tercer avance, en mi concepto el más importante, aunque con menos publicidad, son las acciones operativas y de señalización en puntos claves donde todos sabíamos que existían accidentes, pero nadie había hecho nada. Un ejemplo son los controles, conos y cinta que hemos visto en la intersección de la avenida Circunvalar con calle 39. En el futuro necesitamos más de esto, ojalá complementado con una verdadera fuerza sancionatoria de cámaras y policías que garantice el cumplimiento de la ley en las calles bogotanas.

Por último, se debe destacar el decreto distrital que será firmado en los próximos días y que implementará el Pico y Placa para los vehículos blancos de servicio especial, que en su mayoría trabajan para la plataforma tecnológica Uber. En esta oportunidad, la administración toma decisiones técnicas para compensar la terrible inacción del Gobierno a través del Ministerio de Transporte, al que le ha quedado grande el tema, al punto de hacerle firmar al presidente Santos un decreto inocuo (y eso que tienen vicepresidente).

Aunque el decreto no es la solución definitiva, el Pico y Placa para el servicio especial genera una sensación de mayor igualdad de condiciones entre taxis y Uber, algo necesario, no sólo para proteger un mercado difícil, sino para apaciguar ánimos en un sector donde ya se han visto reacciones violentas.

Ahora bien, no todo es bueno en movilidad y Peñalosa se ha equivocado en temas claves, como la relación con Cundinamarca, el tren de cercanías y las promesas de tiempos para el metro. No debe olvidar el alcalde que, como Petro, él también fue elegido por una minoría y que para continuar transformando la ciudad requerirá el apoyo sostenido de múltiples sectores.

Así las cosas, si antes de terminar su primer año la administración no logra volverse un punto de encuentro en lugar de perpetuar la polarización, difícilmente podrá sacar adelante temas fundamentales y complejos como la actualización del POT, los accesos a la ciudad y la ampliación de Transmilenio en buses y troncales. Y lo peor, opacará ante los ojos ciudadanos las acciones que desde ya están produciendo buenos resultados.

* Director del Grupo de Estudios en Sostenibilidad Urbana y Regional, Universidad de los Andes.

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