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La huella que Martín Palermo dejó en las redes del fútbol argentino es indeleble. Fue un coloso del gol. Un número uno en su puesto. Y se ubicó en el pedestal de los goleadores luciendo la camiseta del club más popular del país. Hombre récord de Boca Juniors, con 236 goles en 404 partidos, se ganó la admiración de todos. Incluso, de los hinchas de River Plate, el máximo rival, uno de los que más veces sufrió su olfato. Hizo goles de todos los colores el Titán. Para guardar en todos los rincones de la memoria colectiva. ¿Cómo olvidar aquel que le hizo a su enemigo millonario, cuando volvió de la lesión, en la Copa Libertadores, hace una docena de años? ¿Cómo no recordar sus impactos en Tokio frente al Real Madrid, por la Intercontinental? ¿Y los que hizo con la selección de Argentina? ¿Aquel que se produjo bajo un diluvio bíblico en el Monumental, frente a Perú, por las eliminatorias? ¿Y el que le marcó a Grecia en Sudáfrica, gestando todo tipo de emociones, casi un broche de oro para su carrera? Tantos gritos pegó este notable atacante en sus 37 años. Tantas gargantas movilizó.
Pero el tiempo pasa, claro. Y ayer, en esa Bombonera que fue testigo de tantas hazañas con la pelota, lo despidió a lo grande. Como siempre imaginó. Con una fiesta extraordinaria y conmovedora. Con la gratitud de esos fieles que todavía le pidan que vuelva a jugar. Y con goles, obviamente. Entonces, a pesar de que su retiro oficial fue el 19 de junio, en La Plata, ante el Gimnasia de su amigo Guillermo Barros Schelotto, el último adiós al futbolista fue este sábado. Cerró una etapa. Por eso le contó a El Espectador: “Cuando me pongo a pensar y hago un análisis de todo lo que me pasó en los últimos 20 años, caigo en cuenta de que el tiempo pasó volando. Y no es que quisiera volver al pasado para vivir lo mismo de otra manera. Lo que hice me hizo feliz y no me arrepiento de nada. Pero lo bueno pasa rápido”.
Habla Martín relajado, como en todos estos meses en los que se dedicó a descansar, a hacer el duelo del fútbol. Porque le costó que le cayera la ficha. El propio Titán lo revela: “Cuando terminó el campeonato y comenzó el receso de invierno, aún me seguía sintiendo jugador. Y en el momento en el que Boca empezó con la pretemporada, yo estaba en Italia. Me fui de vacaciones un mes. Entonces, no estuve pendiente de lo que pasaba alrededor del equipo. Me desligué. Pero cuando regresé ya estaba por arrancar el torneo. Y en el instante en el que hablé con los muchachos y me dijeron que al otro día se iban a concentrar, me agarró un poco de nostalgia. Y aunque parezca mentira, lo que más sufrí fue eso. Porque ir a la concentración significaba empezar a vivir el partido, estar las 24 horas con tus compañeros. Entonces, lo más complicado de superar fue ese vacío”.
¿Cuándo supo que iba a dejar de ser futbolista? ¿Lo pudo manejar con terapia?
Hace años que hago terapia, después de mi última lesión en la rodilla. La psicóloga me dijo que tenía que tener la cabeza ocupada. Entonces, empecé a hacer el curso de técnico y a mantenerme activo. No sabía cómo iba a volver a los 34 años.
Esos fueron los momentos malos de su carrera, pero en verdad, lo suyo en el fútbol fue más positivo que otra cosa…
Sin dudas. Lo que pasa es que lo malo dura más. Es como que te levantás y decís: “¿Cuándo terminará?”. La racha de 10 partidos sin hacer goles que tuve antes del retiro no se acababa nunca. Las lesiones fueron duras. Pero tuve el aporte del doctor Jorge Batista, quien fue vital. También el apoyo de mis compañeros y mi familia. Lo de Real Madrid, Sudáfrica, Perú… Fue disfrutar un momento, un flash. Pero me quedo con lo bueno, por supuesto.
Y de lo bueno, ¿cuál fue el mejor gol?
Los goles al Real Madrid están entre los mejores que hice en mi carrera. Y el que hice con la selección, ante Perú, también fue espectacular. Había viento, barro, llovía, se terminaba el partido…
Ese es uno de los goles que más gritaron los argentinos, hasta los hinchas de River.
Fue muy emotivo.
De alguna manera, ¿cree que conquistó a todos los hinchas y algunos periodistas después de tantos elogios, pero también de tantas críticas que recibió?
Cuando erré los tres penaltis en la Copa América frente a Colombia escuché una serie de barbaridades de mí. Pero siempre supe que estaba expuesto a la crítica del que no aceptaba mi juego. Y también tuve claro que la crítica constructiva sirvió. La de mala leche, no. Siempre traté de que mi respuesta fuera en la cancha. Salía cada fin de semana a demostrarme a mí mismo que podía revertir una situación. Y si me decían que no podía gambetear, buscaba hacer un gol con más calidad.
¿Y cómo se prepara para esta nueva etapa como técnico? ¿Ya se ve dirigiendo Boca?
Creo que es más coherente tener una experiencia previa antes de asumir un riesgo como dirigir a Boca. Necesito un tiempo de adaptación.
¿Y cómo sería un equipo de Palermo?
Mi equipo tendría la necesidad de buscar un buen juego y ser protagonista, con orden y un estilo, según los jugadores que tenga. Quiero presionar y tener cero espíritu especulativo.
¿Bianchi fue el técnico que más lo marcó?
Carlos me cobijó. Su palabra y su consejo siempre fueron importantes para mí. Me apoyó en un momento clave, cuando no me imaginaba lo que podía pasar en mi carrera. Hacer 20 goles en 19 fechas, que se te acercan periodistas, gente, me expuse a un mundo que no pertenecía y traté de manejarlo de la mejor manera. Pero también me gustaría tener la presencia y voz de mando del Coco Basile.
¿Y cómo ve a Boca, que salió campeón después de tres años y está invicto?
Creo que lo que respecta como equipo, con los nombres que tiene, más la llegada de Santiago Silva, que lo potencia, Boca va a ser respetado adonde vaya. Hay jugadores experimentados y capacitados para hacer una buena Copa. Si se mantiene al máximo nivel, le va a ir bien.
Tuvo el privilegio de jugar con Diego Maradona y Lionel Messi.
Sí, son los más grandes de su tiempo. De la época que llegué a Boca y estaba Diego fue un orgullo. Y a mis 36 años, compartir a Diego como entrenador y a Leo como jugador es una experiencia única. Los dos son unos fenómenos.
Pelé metió polémica. Dice que él es el mejor. ¿Usted qué opina?
Son épocas, Messi es el mejor jugador del mundo. Pelé lo habrá sido en su tiempo, como lo fue Maradona en el suyo. Pero hay que respetar. Messi marca la diferencia. Tenemos la suerte de que es argentino.
Va a seguir ganando premios, ¿no?
Hoy en día es muy joven, con todo lo que ha ganado, con todos los reconocimientos, está asumiendo el rol que le corresponde, ser capitán de la selección. Uno lo ve o se enoja o tiene que discutir con el árbitro, si le pegan al rival, lo miran de otro lugar. Lo veo maduro, con ganas de jugar a pleno.
¿Fue lindo volver a encontrarse con viejos compañeros, como los colombianos?
Sí, ellos fueron parte de la historia grande de Boca y para mí resultó un orgullo haber jugado con Córdoba, Bermúdez, Chicho Serna y Fabián Vargas. Cada uno a su manera mostraron su mejor faceta y fueron importantes. Y los hinchas de Boca los recuerdan con todo su afecto.