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Por primera vez en su vida profesional de más de 80 años y 13 títulos locales, América de Cali saltó a la cancha del estadio Pascual Guerrero, con su tradicional uniforme rojo, un lunes y no un domingo como es lo usual en Colombia.
Pero a los jugadores de este equipo y a su técnico Eduardo Lara no les importó, ni mucho menos a los 27.000 hinchas que llegaron desde las 5 de la tarde a las graderías para ver el primer partido de un América que, luego de ganar torneos nacionales y estar entre los primeros puestos en la Copa Libertadores, pasó al campeonato del descenso.
Este lunes 30 de enero no fue un lunes cualquiera, ni perezoso… ni lánguido, como son todos los lunes. Allí en el Pascual Guerrero la fiesta del fútbol se vivió con la misma pasión dominguera de una Mechita que enfrentaba a su rival, el Real Santander, mientras las tribunas completamente llenas, especialmente en sur y norte, estallaban en un solo canto: “Dale rojo, dale”.
La fanaticada escarlata no defraudó y fue el aliciente durante los 90 minutos de un partido, primero sufrido por la barrera que impusieron los jugadores del Real Santander y luego de exaltación a los 20 minutos del segundo tiempo, cuando el jugador del América John Steven Mendoza metió el balón a la red y el estadio rojo hasta las banderas volvió a revivir, ya que ese golazo le dio la victoria y la esperanza a un equipo que quiere volver a estar en la liga A, con una afición que siempre está a su lado.
Porque el lunes, el América demostró por qué es una tradición de la capital deportiva de Colombia y los directivos de este equipo caleño lo recordaron en la pantalla gigante del estadio sanfernandino, a través de fotografías en blanco, negro y sepia de su legado futbolero con las mejores figuras de su historia deportiva.
Recorriendo la pista atlética estaban también los símbolos tradicionales del América, personificados en cuatro diablas con cachos rojos y un diablo con su tridente y desde luego ese goce de las barras como el Averno Central, los Diablos Rojos del Norte, Hijos de Caín y la Barra Roja, que no pararon de saltar ni de empuñar sus manos durante el compromiso, mientras la estructura del Pascual Guerrero se mecía a su ritmo.
Y es que lo que más se debe destacar de este lunes de fútbol en Cali es la fidelidad de una afición que siempre acompañará a su equipo y que quedó demostrada en una pancarta de la tribuna Norte que decía: “Mi amor por ti no desciende”.
Ese amor por América todavía está vivo en el hincha Ariel Lozano, porque durante 50 años ha acompañado a su equipo del alma, “tanto en los buenos tiempos cuando estaba como entrenador Gabriel Ochoa Uribe, como en los malos”.
Juan Carlos Aponte, a sus 16 años, empieza también a sufrir y a gozar por el América. El lunes asistió porque hay que acompañar al equipo y porque también es un hábito de padre y abuelo.
Además, fue un lunes con los tradicionales hinchas de las graderías occidental y oriental que dirigen a los jugadores con sus propias técnicas y emiten palabrotas con las que bautizan al árbitro.
“En lo que queríamos para el debut, el grupo lo entregó todo. Habíamos analizado muy bien al rival y creo que fuimos aplicados. Claro, la expulsión de Paulo César Arango nos afectó”, fue el balance final del técnico Eduardo Lara, a quien a lo largo del partido se le vio cara de preocupación, de presión: al fin y al cabo, su desafío de regresar a la A no es poco cosa.
¿Pero es mejor jugar un lunes o un domingo? El consenso entre los asistentes al partido es que mejor el fútbol un domingo, porque pueden traer a sus hijos y además no llegan cansados al estadio porque no les toca trabajar. Sin embargo, para la mayoría, hay que hacer un sacrificio para apoyar a América. Fue un lunes diferente en Cali, que ojalá para el próximo año se convierta en domingo.