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Hay quienes encuentran orden en medio del caos. Luis Delgado es uno de ellos; decidió escuchar el silencio cuando El Campín se partía entre la fe y el pánico. Era diciembre de 2012. Millonarios, con 24 años de espera a cuestas, jugaba el título contra Independiente Medellín. La ciudad y el país entero contenían la respiración. Tras un empate 1-1 en los 180 minutos de la final, la serie de penaltis marcaba 4-4 y Lewis Ochoa, de rodillas en el centro del campo, le pidió que cobrara por él. Y Lucho, que ya cargaba con todo, no dudó.
Había asumido el arco tras la lesión de Nelson Ramos en septiembre, en un clásico contra Santa Fe. Había sufrido el 8-0 frente al Real Madrid en el Bernabéu, la eliminación en la semifinal de la Sudamericana ante Tigre, y acompañaba a su esposa Tatiana García en su lucha contra el cáncer.
Caminó hacia el punto penalti con la cabeza rapada en honor a ella. Le marcó a Leandro Castellanos abriendo el pie en el último instante, cambiando la trayectoria del disparo. 5-4 en el marcador.
Después, en el disparo decisivo, adivinó el remate de Andrés Correa: se lanzó a su izquierda y, aunque el tiro fue al centro, alcanzó a detenerlo a mitad del arco. El ruido, el peso y la presión se volvieron historia: Millonarios fue campeón.
Bogotá se vistió de azul. El país también. En las avenidas, las calles, los barrios y los balcones, se gritó el título que rompía una sequía de casi un cuarto de siglo. Para Delgado, que había vivido un año tan duro, fue más que una coronación: fue una prueba de fe, un acto de resistencia. Un año antes había levantado la Copa Colombia 2011, y ahora sumaba la Liga de 2012: dos títulos que lo convirtieron en uno de los nombres más recordados en la historia reciente del club.
Hoy, más de una década después, el arquero bumangués sigue siendo un símbolo albiazul. Tras su paso por Millonarios hasta 2015, se retiró en 2021 tras atajar en varios equipos de la liga colombiana.
En 2024 trabajó como entrenador de porteros en las divisiones menores de Santa Fe, pero una calamidad familiar lo llevó de regreso a Bucaramanga, donde ahora se dedica a organizar eventos y acompañar a su familia, pues “todo se cura con amor” como mencionó el querido Miguel Ángel Russo.
Desde la calma de su ciudad natal, recuerda aquella noche que cambió su vida y habla del duelo entre Millonarios y Bucaramanga (6:00 p.m por Win Sports), los dos equipos que lleva en el alma y con presentes opuestos: los embajadores, hoy decimosextos con 17 puntos, reciben a los leopardos, segundos con 30 y un partido menos que el líder Junior, que suma 31. Una derrota para los azules equivaldría a la eliminación matemática del torneo.
¿Qué sensaciones le genera este duelo entre Millonarios y Bucaramanga?
Es un momento muy diferente para las dos instituciones. Bucaramanga viene atravesando ya hace un tiempo por unas muy buenas campañas, con un título incluido, con una nómina que se ha tratado de mantener en lo posible, con jugadores en buen nivel. Los que llegan a la institución se enganchan rápido a la idea del entrenador, comienzan a subir su nivel lo más pronto posible y se amoldan a la estructura principal del equipo. Por eso hemos visto un equipo sólido, que juega muy bien y que hoy en día está en los primeros lugares del torneo, con muy buenas aspiraciones nuevamente de repetir un título. Por lo menos yo lo colocaría dentro de esos opcionados.
Y Millonarios, todo lo contrario. Desafortunadamente, un proceso que comenzó con David González, donde las cosas no se dieron de la mejor manera, el grupo no se encontraba. Posteriormente, con la llegada del profe Hernán Torres, se esperaba que todo funcionara mejor, que se acomodaran los jugadores, pero desafortunadamente no se ha encontrado el equipo. Me parece a mí que ha habido muchas situaciones difíciles con el tema de las lesiones de jugadores importantes.
Entonces, esos jugadores encargados de llevar el grupo hacia un buen horizonte han terminado más afuera que adentro, y le ha tocado remar mucho a los jóvenes. Así ha sido bastante complicado. No se ha mantenido el nivel, no se ha mantenido una idea clara. Por momentos se trata de ver, por momentos se pierde.
Las inseguridades defensivas han afectado al resto del plantel y, desafortunadamente, cuando desde la parte defensiva no hay seguridad, se vive, como decían nuestros abuelos, “con el credo en la boca”. Esto es lo que ha sucedido, y así los resultados no se han dado. Se ha tenido chance de entrar a los ocho; hace varias fechas se ha estado ahí, a tres puntos, pero no se ha logrado. Bien sea porque los rivales siguen sumando o porque Millonarios no gana partidos clave, como el pasado contra Pereira (3-2).
¿Qué cree que le pasa a este Millonarios?
Yo pienso que esto ya es tema de individualidades. En los partidos que he visto de Millonarios he notado muchos jugadores cabizbajos, que no encuentran la salida ni el camino. Sé que deben trabajar, entrenarse de la mejor manera, pero desafortunadamente, al momento del examen o del partido oficial, las cosas no están saliendo como el grupo quiere.
Las cosas no se están dando a favor, y así no es fácil querer ingresar a un grupo selecto de ocho para disputar finales. Cuando en un once titular solo hay una o dos piezas andando, es muy difícil. Necesitamos que por lo menos siete u ocho estén en buen nivel. Lo que he visto es mucho intervalo: uno juega bien un día, al otro no. No hay una línea constante de crecimiento. Cuando intentamos ver algo positivo, al siguiente partido las cosas no son iguales. Es un nivel muy intermitente.
Llegó Hernán Torres con el que usted fue campeón. ¿Cómo enfrenta él estos momentos difíciles y qué distingue su manera de exigir o motivar a los jugadores?
La exigencia siempre va a existir en el fútbol, bien sea del técnico o de la afición. En un equipo grande, la presión por los resultados es constante. Él ha intentado poner lo mejor de su parte, me imagino yo, sin estar adentro, solo opinando desde afuera. Trata de hacer lo que trabaja, lo que quiere la institución, por todo lo que en alguna época generó para un grupo de jugadores y un cuerpo técnico encabezado por el profe Hernán.
Sé que está intentando hacer las cosas bien, pero lo que he podido ver es impotencia en la cara de los jugadores. Veo que él trata de darle vuelta, de colocar uno, de mover sus fichas, pero no encuentra. Sigue intentando mientras haya posibilidad de clasificar, pero mientras el nivel futbolístico no mejore, va a ser difícil lograrlo.
Todo listo para enfrentar mañana al Bucaramanga en El Campín. 🏟️🙌💙🔥 ¡VAMOS MILLONARIOS! pic.twitter.com/Gg2OginUmM
— Millonarios FC (@MillosFCoficial) October 20, 2025
La hinchada también parece muy distanciada del equipo. ¿Cómo ve ese ambiente y la relación actual entre los jugadores y la afición?
Yo en alguna época viví una situación muy similar, donde no se conseguían los resultados y había que trabajar el doble, implicar esfuerzos y entregar lo mejor para buscar las victorias, que son las que traen tranquilidad. Las victorias en Millonarios no pueden ser un día sí y otro no: tienen que ser constantes.
La presión de la hinchada es grande. Yo invito a la afición a arropar al equipo, a los jugadores jóvenes. A veces el jugador joven es muy precipitado, “carro loco”, le falta ponerle pausa, pensar un poco más. Y como no hay muchos jugadores de experiencia dentro del terreno, ellos tratan de resolver todo con afán. Esa ansiedad también pesa.
El jugador debe entender que esto se vive en el fútbol, más en un equipo grande. En Millonarios los resultados son imperiosos, necesarios, tienen que ser ya. El aficionado se cansa, pero si hay algo que resaltar es que siempre están, en las buenas y en las malas. Un estadio con 10 o 15 mil espectadores aún en un mal momento es de admirar. La invitación es a que sigan apoyando, que tengan fe en el grupo, porque vendrán mejores tiempos.
Volviendo al campeonato del 2012, que fue tan especial, ¿qué recuerda de esa fortaleza colectiva que tenía el equipo más allá de lo futbolístico?
Éramos un grupo muy comprometido. Sabíamos la institución en la que estábamos y por lo que teníamos que luchar. Aun en los momentos difíciles, nos hicimos fuertes. Esa unidad nos blindó de los ataques externos, y con base en esa unión fuimos sacando resultados, creciendo y alcanzando los logros que conseguimos al final.
Queríamos ser campeones y afortunadamente obtuvimos la estrella 14. Todo fue gracias a esa unidad, a esa familia, a ese grupo fuerte. Había diferencias, claro, pero siempre se mantuvo la línea, sin permitir que los problemas afectaran al grupo o a la institución. Poco a poco fuimos sumando confianza y viviendo lo que al final conseguimos.
Y esa final, con usted como protagonista… ¿qué recuerdos le vienen a la mente de ese día?
Recordar ese momento es traer muchas escenas. No solo el tema familiar, sino la presión que teníamos por obtener el título. Las caras, las miradas de las personas, esas miradas agónicas al ir a la definición por penales, la euforia al conseguir la estrella, el desespero cuando nos empatan… Son muchas escenas que vienen a mi cabeza en esa película, en ese recuerdo.
De todas, lo más bonito fue haber levantado la Copa y poder entregársela a una afición ansiosa de gritar campeón.
¿Qué diferencias hay entre el equipo de 2012 y el de hoy?
Teníamos una nómina en la que cualquier jugador que entraba respondía. Si alguno no estaba, el que lo reemplazaba cumplía. Eso es totalmente diferente a lo de hoy. Hoy miro el banco y, siendo honesto, no veo una solución clara. Eso depende exclusivamente de los jugadores, de mostrar por qué están en Millonarios.
Por ejemplo, contra Pereira, vi a Mackalister entrar con experiencia, pero también muchas caras jóvenes en momentos donde faltaban referentes. Uno mete un jugador y no se ve la diferencia. Entonces uno piensa: ¿qué más hago? Si no se levanta el nivel individual, que beneficia al grupo, es muy difícil.
¿Qué se necesita hoy para defender ese arco azul y responderle a una hinchada tan exigente?
Para mí los tres arqueros son buenos, pero desafortunadamente no están en un nivel alto. He visto a algunos jugar muy bien, con grandes condiciones, pero no sé hasta qué punto la desconfianza juega un papel en ellos. Saben que en cualquier momento pueden ser señalados, y el ojo del hincha está pendiente de cualquier error.
Cuando uno juega con miedo a fallar, llegan los errores. Se pierde la practicidad. Y cuando las cosas están así, hay que ser muy práctico, hacer todo lo más fácil posible mientras se recupera la confianza.
¡Trabajo táctico y definición! 🙌⚽️☄️ pic.twitter.com/TkgJzzJOMX
— Millonarios FC (@MillosFCoficial) October 20, 2025
¿Qué mensaje le dejaría hoy a los jugadores de Millonarios?
Más allá de lo que yo pueda decir, es una invitación a que sigan apoyando al equipo hasta el final. A los jugadores, que se blinden de todo lo que pasa alrededor, que se sigan entrenando de la mejor manera, que no dejen de luchar por los objetivos como grupo. Cada partido es una final, no hay mañana, es hoy.
El margen de error ya es mínimo. El próximo partido tienen que buscar la victoria y eso solo se logra apoyándose unos a otros, recordando lo que los llevó a estar en Millonarios, los momentos felices que han vivido. Retomar esos pensamientos de grandeza y no quedarse en lo malo. Es el hoy, la oportunidad de demostrar por qué están en Millonarios.
Se acerca el clásico ante Santa Fe. ¿Cómo se viven esos partidos y qué mensaje les deja de cara a ese reto?
Cuando uno se acostumbra a jugar cada partido como debe ser, los clásicos se vuelven una motivación más. No se puede esperar a enfrentar a Nacional, Santa Fe o América para sentirse motivado. Cada partido debe asumirse como el más importante. Esa tiene que ser la mentalidad.
El clásico es clásico y hay que asumirlo con la importancia que merece. Ojalá primero salga bien lo de Bucaramanga, porque el fútbol son estados de ánimo, y dependiendo de ese resultado se encarará también el clásico contra Santa Fe.
Lucho, para cerrar este capítulo, ¿qué significa Millonarios en su vida?
En mi carrera futbolística tuve dos equipos: uno es Atlético Bucaramanga, del cual soy hincha, al que quiero porque sufrí y lloré los descensos con el radio en la oreja. Y Millonarios, que en mi carrera me lo dio todo: alegrías, tristezas, títulos… Viví una situación muy compleja con mi esposa, pero el estar en Millonarios y alcanzar el título me dio fortaleza.
Millonarios es mi equipo, siempre voy a querer que le vaya bien, que las cosas salgan de la mejor manera. Por eso mi invitación es a la hinchada: apoyen al equipo, porque se han vivido momentos peores. Hoy se vislumbran cosas buenas más adelante. Esperemos que logren remontar este torneo o, si no, pensar en lo que viene, que sea algo grande para la afición.
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