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James (2)

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La reiterada ausencia de James de las alineaciones titulares del Real Madrid en los partidos trascendentales del elenco blanco lleva a que los aficionados colombianos salgan a decir con la mayor naturalidad, sin temblarles la boca, que el colombiano debe irse de allí y buscar otro equipo.

Qué fácil decirlo, qué difícil hacerlo. El precio de la transacción de James rondó los 85 millones de euros y el Madrid no está dispuesto a castigarse en la negociación. Podrán asumir como lo hicieron con Kaká, Özil y Di María que pueden perder unos millones, pero nunca la negociación estará por debajo de los 70 millones de euros. ¿Cuántos equipos en el mundo tienen esa disponibilidad en caja para embarcarse en una transacción de ese calado? Manchester United, Manchester City, Bayern Múnich, Chelsea, PSG, Barcelona, a lo sumo. Entonces, apelando a leyes del mercado, cuando hay suficiente oferta pero no hay compradores, el producto se vuelve un encarte. Crudo pero cierto, a menos que el Madrid rebaje las pretensiones y decida perder mucho más dinero, James depende de Méndez.

Si el empresario portugués que lo llevó al Madrid, en el momento de su amistad con Florentino –relaciones hoy muy deterioradas por culpa de Mourinho–, no mete la mano a fondo para colocarlo, James no tiene escenario posible para salir en el mercado de verano a un club grande. Lo salvaría que la dupla Mou-Méndez lo lleve al United.

James es un muy buen jugador de fútbol, pero tiene que cambiar su forma de encarar su trabajo. Mientras no sea un auténtico profesional en su entrenamiento formal, corriendo, estando en el peso, acatando órdenes de su técnico y en su entrenamiento invisible, cuidándose de la noche, manteniendo un ámbito feliz en sus relaciones personales, los posibles clubes interesados en él lo verían como un riesgo muy grande por lo costoso de su operación.

A James lo está matando hoy en el Real Madrid su lengua. Sus declaraciones, que pueden ser ciertas pero resultaron inoportunas y salidas de lugar, lo traicionaron frente a Benítez, con quien estableció un duelo de poder que perdió, y luego con Zidane, con quien también se equivocó. El francés hoy por hoy no lo quiere, lo tiene distanciado, no le perdona que el colombiano se exprese mal de su trabajo y de su persona en escenarios públicos. Y, lamentablemente para James, el que manda es Zidane, quien tiene el visto bueno de Florentino, cansado de otra “estrellita” que quiere cambiar el orden del vestuario blanco.

James tiene que aprender a ser “políticamente correcto”, aprender a tragar entero. Para que vuelva a tener futuro debe entender que “calladito, se ve más bonito”.

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