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Hace algo más de un año el entonces ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, le advirtió al país: “La decisión de abandonar las fumigaciones aéreas con glifosato puede hacer que el país se inunde de cultivos ilícitos”.
La premonición de Pinzón no sólo no fue escuchada, sino que fue archivada por las exigencias de las Farc y por la insistencia del ministro de Salud de abandonar las fumigaciones con glifosato luego de que se conociera un estudio de la Organización Mundial de la Salud, OMS, que sugiere que dicho químico puede ser cancerígeno. En relación con este último punto, la OMS, con la misma vaguedad que lo hace con el glifosato, ha sugerido que los “embutidos y la carne roja” pueden ser igualmente cancerígenos. Hasta la fecha, y que sepa este columnista, el ministro no ha prohibido el consumo de “carne roja y de embutidos”.
Las consecuencias de que el Gobierno, amparado en una vaga recomendación de la OMS, cediera ante las peregrinas exigencias de las Farc son graves: las hectáreas de coca sembradas en el 2015 alcanzaron las 159.000, la cifra más alta de los últimos nueve años. En dos años se ha permitido que desaparezca el enorme esfuerzo que hizo el gobierno de Uribe del 2002 al 2007 en disminuir los cultivos de coca. Como lo señalábamos en reciente artículo, “ante la mirada bovina de las autoridades, cinco años de sangre, sudor y lágrimas se echaron por la borda”.
La razón más sólida para continuar con las aspersiones de glifosato, según Pinzón, eran las cifras de disminución de los cultivos de coca desde 2001, fecha en que se fortalecieron las fumigaciones con glifosato en el contexto del Plan Colombia. De más de 140.000 hectáreas sembradas de coca en 2001 se pasó a 42.000 en 2013. Pinzón reforzó en su día ese argumento afirmando que luego del 2008, cuando Ecuador denunció a Colombia ante la CIJ por afectación de campesinos ecuatorianos en la frontera, debido a las fumigaciones, y luego de que se acordara en 2013 que las aspersiones se realizarían más allá de un margen de 10 kilómetros de la frontera, esa zona no fumigada había aumentado de forma dramática sus niveles de cultivos ilícitos.
Pero nadie les puso atención a las advertencias de Pinzón. Nadando nuevamente en coca, lo único que se nos ocurre es reanudar las fumigaciones manuales (que muy poco efecto tienen) y pedir que se descriminalice a los adictos. Petición loable esta última, pero que en nada soluciona el problema de fondo, dado que el mundo está lejos, muy lejos de legalizar la cocaína. Y mientras que el mundo sigue discutiendo sobre cómo tratar al consumidor, discusión que pude durar lustros o décadas, en Colombia corremos el riesgo de volvernos a convertir en un narcoestado. ¡Bienvenidos al pasado!
Apostilla: Graves, bastante graves las declaraciones del exvicefiscal Jorge Perdomo en Washington. Según informa Las 2 Orillas, después de una rueda de prensa oficial, ya terminada la declaración oficial, “Perdomo se quedó para responder preguntas de los periodistas y ante una de ellas desmintió la versión oficial del Gobierno y la que hasta el momento había entregado la Fiscalía General sobre la fortuna de las Farc. Perdomo aseguró que el gobierno del presidente Santos sí tiene conocimiento de los dineros que tienen las Farc y que recientemente fueron reportados por la prestigiosa publicación The Economist”. Aquí alguien miente. ¡Averígüelo, Vargas!