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Sobre ‘La nación negada’ o ‘¿Por qué fracasa Colombia?’

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No deja de sorprender que el libro de Enrique Serrano se esté leyendo apaciblemente.

La noción de que en Colombia no tenemos conmociones intelectuales la adquirí en un cruce de correos con Nicolás Morales, el columnista de Arcadia. Conmociones de variada índole, sí, menos intelectuales, a diferencia de Francia, por ejemplo, y el que sabe de Francia es Morales. Eso recordé en una primera lectura rápida y selectiva del nuevo libro de Enrique Serrano. Busqué las reseñas en google. No tenemos una conmoción intelectual.

Para decirlo con histrionismo: yo ‘sabía’ que este libro iba a suceder. Que alguien algún día se iba a parar a decir que somos una nación de cinco siglos, no de dos. De vez en cuando, al suscribir o usar el relato nacional desde la Independencia, me atormenta la conciencia la decisión colectiva de cortar el pasado. Una inquietud múltiple, pero momentánea ante el reto de la interpretación de los dos siglos que valoramos y la tiranía de la acción.

Con el libro de Serrano, honestamente no podemos seguir ignorando lo que él llama los “trescientos años discretos” (1550-1850). Una acepción de ‘La nación negada’, el título de la reflexión hasta que el editor le puso el nombre más comercial de ‘¿Por qué fracasa Colombia?’, así el autor tuviera que aclarar que “Colombia no está fracasando”, como ya hizo.

Para más teatralidad: algunos hemos clamado en público por una visión de nuestra historia distinta de la de William Ospina, y he aquí la de Serrano. Articulada, serena, sin artilugios. Pero no es una interpretación que podamos adoptar los liberales históricamente “impuros de sangre” o de otra sangre. Y he ahí a un inteligente e inesperado defensor de una profunda hispanidad de nuestra nacionalidad. Alguien que se atreve a decir de modo razonable que ha habido menos mestizaje cultural que mestizaje racial.

Dicho con respeto: de pronto Serrano es la encarnación del espíritu de don Miguel Antonio Caro ajustado a esta época. Hay gente que si se nos apareciera Caro lo insultaría, cuando lo que necesitaríamos es una buena discusión. Entonces hay que aprovechar a Serrano. Es cierto que su libro contiene afirmaciones que hieren sensibilidades o que puede discutirse duramente en algunas partes, pero sería una tontería o una mezquindad irse por las ramas y no tomarse en serio el relato de Colombia desde los cristianos nuevos que llegaron a América hasta nuestros días.

Tomarse en serio el relato implica muchas cosas. En primer lugar, entenderlo y debatirlo en franca lid. Es una oportunidad para hacer seminarios y conversaciones universitarias sobre este libro y ‘La nación soñada’ de Eduardo Posada Carbó. Tomarse en serio el diálogo es estar dispuestos a asumir las consecuencias que salgan en limpio en relación con las expresiones prácticas o fácticas del discurso dominante. Por ejemplo, qué se pregunta en la prueba de Ciencias Sociales de Saber 11, que remite a los estándares básicos curriculares.

En un sentido más general, parece que necesitamos al menos tres visiones de la nación colombiana. Está la que representa William Ospina; y ahora hay que reconocerles a los espíritus tipo Manuel Mosquera Garcés, Álvaro Mutis y Juan Esteban Constaín que han salido con un muy buen producto. La tercera visión sí va ser muy difícil, y cabe la discusión sobre el número de tres. @DanielMeraV 

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