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La feria “youtuber”

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A la Feria la aporrearon, le dieron una juetera, ¡toda una muenda! Antes venía un gran número de lectores, quienes participaban en los eventos y recorrían los diferentes pabellones fascinados por la magia de los libros.

Pero desde el 2015 la cosa empezó a saber distinto. Y este año la historia se repite. Y quizá con más fuerza. Ayer, un librero en Corferias me decía: “Se tiraron la Feria…”. “¿Cómo así?”, le pregunté. “Sí, debido a lo del youtuber, a mediodía ya se habían acabado las boletas y cerraron la taquilla…”. Es cierto: yo, que por error llevaba una boleta con fecha del sábado siguiente, tuve que agacharme y meterme por debajo de una mesa: ajá, me colé, qué sinvergüenza, ¿no?

En principio, parecería bueno que miles de jóvenes estuvieran interesados en asistir a un evento donde se promocionan libros, lectura y arte gráfico. El problema es que el grueso de las entradas se limitaron significativamente a este público —no precisamente el más interesado en las letras, razón de ser de la Feria—, y muchas otras personas no pudieron entrar… ¿Exagero en decir que parecía la mismísima “feria youtuber”, y no ya, propiamente, una feria del libro?

Este sábado 23 de abril, mientras el pabellón que recibió al autor del libro Chupa el perro —sí, como lo escuchó: Chupa el perro— estaba a más no dar, con una fila que después de varias horas prometía no terminar, el resto de los pabellones lucía algo desolado en comparación con años anteriores y, por su puesto, la baja en las ventas no se hizo esperar, excepto, claro está, las del “libro-revista” —como él mismo lo llama— de Germán Garmendia, un youtuber chileno cuyos suscriptores en Youtube pasan de los 27 millones de personas.

No cuestiono la calidad de la publicación, ni de sus contenidos, ni siquiera, editorialmente hablando, el concepto y estilo que define este tipo de libros, que a estos jóvenes debe parecerles admirable. Un modelo a seguir. Sin embargo, es innegable que quienes conocimos la Feria del Libro años atrás, gozamos de un evento caracterizado por un gran número de lectores de todas las edades, que asistía a los conversatorios, miraba libros, preguntaba títulos y autores… Pero ¿qué decir si más de la mitad de los asistentes del sábado venían a que su ídolo de Chupa el perro les firmara un ejemplar y les permitiera una selfi?

Si bien esta nueva dinámica permite un acercamiento de los jóvenes a la que venía siendo la Feria del Libro, es claro que algo no cuadra. Que algo se está saliendo de las manos. ¡Y bastante! Y que hay que repensar la Feria, pues el fenómeno youtuber ha impuesto una nueva forma de concebir este evento. Entonces, ¿digan, pues, qué van a hacer? Porque esto está que se lo “chupa el perro”.

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