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¿Qué es eso del poder de transformar vidas a través del chocolate?
Somos unos enamorados del cacao, del chocolate, no solo porque creemos en el chocolate como alimento que tiene una gran fuente de antioxidantes, tiene la llamada molécula de la felicidad, sino porque creemos que Colombia tiene una oportunidad casi sin igual de ser un gran productor de cacao. El cacao no solo es una gran oportunidad para el campo colombiano, sino que tiene grandes posibilidades de reforestación y es un generador de desarrollo. Nosotros tenemos más de 800.000 hectáreas en Colombia aptas para el cultivo del cacao, que nos podrían poner como una potencia mundial y, así como ocurre con el café, ser reconocidos a escala mundial con una cosa muy particular y es que el cacao es endémico del Amazonas. El café viene del África y nos volvemos en Suramérica un gran productor, pero el cacao nace en América y quienes se vuelven grandes productores son los africanos. Nosotros tenemos una oportunidad de oro de volver a recuperar ese lugar en el mundo desde el cacao y el chocolate siendo, además, uno de los sabores preferidos en el mundo.
¿Qué es el sueño de chocolate?
Una invitación por parte de Casa Luker para muchos actores: la academia, otras empresas, el sector público, a que nos soñemos unas transformaciones para el campo colombiano. Estamos convencidos de que nos tememos que poner las botas, arremangar, trabajar juntos por unas oportunidades para el campo. Sin duda alguna, hasta el momento el campo colombiano ha tenido temas estructurales que han permitido que la inequidad con el sector urbano haya crecido en los últimos años.
¿Qué es la Granja Luker?
Es una de las iniciativas que nos dejaron los fundadores y que ha marcado nuestra visión hacia adelante. Desde 1962, estaban convencidos de que en el árbol de cacao estaba el verdadero valor de la compañía; entonces ese es un centro de investigación a cielo abierto de cacao, se vuelve un centro de capacitación por donde pasan 700 agricultores al año para aprender del cultivo. Y esa es una de nuestras ventajas: conocemos del árbol del cacao, sabemos su proceso y esto nos ha abierto lugar en el mundo.
¿La granja es un único centro de investigación?
Es uno de los centros de investigación y entrenamiento de cacao. Ahí es donde hacemos las capacitaciones, pero ahora con “El sueño del chocolate”, el apoyo de USAID, EAFIT y la Fundación Saldarriaga Concha, estamos volviendo a Necoclí otro centro de innovación de cacao, que es donde tenemos nuestro Chocohab, y la idea es convertirlo también en El Agrado, Huila, en la represa de El Quimbo, con el apoyo de Enel, otro centro de investigación y capacitación.
¿Dónde están los principales cultivos de cacao en Colombia y cómo va la renovación?
Santander es una de las regiones productoras de cacao más importantes para nosotros, pero venimos trabajando en toda la zona del Urabá antioqueño, en el bajo Cauca, en Huila y Tumaco. Dentro del proyecto del “Efecto cacao”, en este momento, vamos con 629 hectáreas de pequeños agricultores rehabilitadas, 229 hectáreas nuevas sembradas, en un proyecto de cinco años en el 70 % de la ejecución, y como cultivos o bosques agroindustriales tenemos en Necoclí 550 hectáreas; en Villanueva, Casanare, mil hectáreas de bosques de chocolate sembrado en un modelo innovador, donde estamos haciendo sustitución de palma por cacao. La palma fue la sombra transitoria para el cultivo de cacao por tres años, y en El Quimbo estamos generando otro cultivo demostrativo de más o menos sesenta hectáreas. Esto tiene un fondo y ese es que nosotros por cada hectárea sembrada esperamos fomentar tres o cuatro hectáreas de vecinos. ¿Cómo? Con transferencia de conocimiento tecnológico, que genera un actor de tamaño importante en la zona.
¿Cómo funciona eso?, ¿quienes tienen un terreno les tocan la puerta a ustedes?
Hay dos vehículos muy potentes: los empleados formales del cultivo que tienen tierra y adoptan todo lo aprendido, y la otra es a través de asociaciones de cacaocultores. Y mantenemos un vivero de pequeñas plantas, de plántulas, para poder proveer a estas personas y fomentar el cultivo de cacao. Y si no son personas de la finca, buscamos asociaciones productoras para incentivarlas y lo que hemos encontrado es que, al tener un punto de compra, se bajan costos de intermediarios, se vuelve un negocio más atractivo y se genera un clúster de cacao solo por el simple hecho de estar en la zona. En Necoclí hemos visto todos los negocios que se generan alrededor de un gran cultivo. Hoy trabajamos con la comunidad y la Alcaldía en volver a Necoclí realmente en el destino turístico diferencial y nos soñamos que así como existe el Eje Cafetero exista un Urabá que, además de bananero, sea chocolatero. Creemos que hay espacio para eso. Poder generar ecoturismo o turismo agroindustrial a partir del cultivo de chocolate.
Nos han dicho que Colombia puede ser la despensa mundial de alimentos. ¿Qué tan cierto y posible es que el cacao sea la base del campo cuando el país le ha apostado tanto al café?
Colombia tiene oportunidades en varios frentes (como el café, el banano, el cacao) y es importante que tratemos de evitar monocultivos, tratar de hacer sistemas agroforestales entendiendo que tenemos distintos pisos térmicos para aprovechar, que logremos una agricultura eficiente, responsable y regenerativa. Eso es lo que yo creo que es muy importante.
Entiendo que están trabajando en presentaciones de chocolate bajo de azúcar. El consumidor es cada vez más educado, se está preparando mejor y está exigiendo más a las marcas. ¿Qué están haciendo en ese sentido, considerando que hay una lucha contra el azúcar?
Nosotros identificamos hace seis años dónde estaban las fuentes de azúcares añadidos dentro de nuestros productos y nos comprometimos con el objetivo de la OMS de que tú tengas menos del 10 % de ingesta de calorías a través de azúcares añadidos y ojalá el 5 %. Para eso, una de las cosas que hemos hecho es con una de nuestras marcas insignia, Sol, ser los primeros en el chocolate de mesa para tomar en tener un portafolio que te ayuda a reducir el consumo de azúcar con una opción del 50 % menos azúcar y ahora con otra opción sin azúcar, creemos que el tema no está en la restricción, sino en la educación y el poder darle todas las opciones posibles al consumidor. Sol 50 % azúcar está ayudando a hacer una transición para que los paladares se pueden desazucarizar; hoy pesa más del 30 % de tasas vendidas para chocolate Sol. Entonces, sin duda, ha sido un camino de innovación exitoso y ese es uno de los ejemplos de valor compartido en los que encontramos oportunidades para el negocio ayudando a resolver problemas sociales. Queremos que en los próximos cinco años cambie el mix a que nuestro chocolate Sol sin azúcar sea el más vendido.
¿Cómo es el consumo per cápita de chocolate en Colombia y a cuánto podría subir?
Colombia es de los pocos países del mundo donde el chocolate de mesa, para tomar, hace parte de la canasta básica familiar; eso son 3,3 veces a la semana, más o menos lo que toma un hogar colombiano. Yo creo que el consumo hoy es representativo y significativo, podemos incrementarlo con nuevos momentos de consumo más allá del desayuno, también en barras de chocolate funcionales y con ellos esperamos que Colombia llegue a niveles cercanos a los de países de Europa que consumen dos o tres veces más granos de cacao de lo que consumimos aquí en Colombia, sobre todo en la medida que nos vayamos a chocolates más oscuros en nuestro consumo, más 70, 80 o 100 % como el nuevo Sol sin azúcar. Eso debe aumentar nuestro consumo. Esperamos que en cinco o diez años podamos por lo menos incrementar un 50 % el consumo de cacao en Colombia. ¿Qué pasó durante la pandemia en este negocio agroindustrial?
El consumo en casa se disparó, entendimos que desayunar juntos es muy valioso -por cierto, Chocolate Sol cumple 70 años-, es una fuente de conexión con nuestra familia. Eso ayudó a que la categoría se dinamizara y que sea un año de consumo muy bueno para el sector. Nos volcamos a ayudar a la economía barrial, los tenderos y supermercados independientes, nos unimos al programa de Tiendas cerca de Bavaria. Tuvimos iniciativas propias de cómo mantener viva esa economía muy local, porque creemos que es tal vez una de las fuentes que más dinamiza la economía en Colombia. Creo que el sector logró pasar un desafío. Y, por último, la adaptación al cambio. En nuestros programas sociales, como en todo lo demás, se aceleró el tema de la conectividad, permitiendo ampliar nuestra cobertura. Ya podemos atender un programa que se llama Pisotón, que es sobre trabajo emocional; pudimos empezar a tener otros colaboradores que ayudan desde otras partes sin movilizarse a territorio y creo que esa adaptación se va a quedar. Nos hace falta visibilizar territorios, estar un poco más juntos, pero en medio de esta pandemia lanzamos “Una historia llamada Tumaco”, donde ha sido principalmente virtual.
¿Qué es “Una historia llamada Tumaco”?
Es nuestra continuación del “Efecto cacao”. Tumaco tiene uno de los cacaos más especiales del mundo y fueron unos fondos aprobados con una financiación casi de US$600.000 de USAID y los socios del programa —también está Manizales Más, la Fundación Luker—, y nuestro objetivo es ampliar el trabajo social en Tumaco del componente dos y tres del acuerdo de cooperación del “Efecto cacao” que, básicamente, fortalece las capacidades técnicas y administrativas de las asociaciones de cacao para mejorar las competencias de la población en el clúster Tumaco. Colombia tiene una gran oportunidad en el cacao y por eso la invitación al trabajo en colectivo: generar productividad, posicionar nuestra marca Cacao Colombia ante el mundo y, ya después, cada uno encontrará su lugar. Ese es el camino.