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Vladimir Hernández es un crack. En eso coinciden todos sus compañeros e incluso algunos de sus rivales. Quienes han seguido su carrera dicen que ya era hora de que se consolidara en la titular del Atlético Júnior y que dejara de ser simplemente una buena alternativa.
El habilidoso jugador, que nació en Arauca el 9 de febrero de 1989, se hizo profesional en el Barranquilla FC, de la Primera B, con el que jugó 25 partidos al lado de Carlos Bacca, Teófilo Gutiérrez y Luis Carlos Ruiz, entre otros. Era un enganche al que no le pesaba la camiseta número 10.
Años antes, el Júnior había canjeado sus derechos deportivos por unos balones y un juego de conos que le dio a Mundialito 90, el equipo en el que jugaba Vladimir en Arauca.
Ese negocio simbólico se dio porque su familia se fue a vivir a la capital del Atlántico en busca de mejores oportunidades. Eso sí, a doña Gloria Rivero, la mamá del jugador, le tocó armar un alboroto para que su antiguo club lo dejara ir.
Pero valió la pena. Desde que pisó la cancha de Bomboná, sede de las divisiones menores del Júnior, Hernández impresionó a dos de los entrenadores, Wilfred Cervantes y William Knight, quienes se encargaron de ir puliendo ese diamante en bruto que jugaba hasta las 10 de la noche en los alrededores del estadio Metropolitano, pues vivía con sus padres en la Ciudadela, justo al lado del majestuoso escenario en el que Júnior juega como local.
“El profesor Cervantes me decía que tuviera humidad, que jugara y que ayudara mucho a mi familia. Él incluso me ofreció irme a su casa, porque nosotros no estábamos tan bien, pero mis papás no quisieron”, recuerda Vladimir, para quien está claro que lo importante no es llegar a la titular, sino mantenerse, pues él mismo ha sido testigo de las historias de muchos futbolistas que subieron rápido, pero que no lograron consolidarse.
Debutó con la camiseta rojiblanca en la Copa Postobón de 2008, bajo las órdenes de Santiago Escobar. Después se estrenó en la Liga con Julio Comesaña como técnico, en la victoria 1-0 sobre Millonarios.
Luego, con Diego Umaña tuvo más oportunidad e incluso jugó una final como titular, enfrentando a la Equidad, en el Apertura del año pasado. Ganó su primera estrella, cumplió su sueño de niño.
Pero con Óscar Quintabani casi ni jugó el semestre pasado y estaba casi olvidado cuando llegó José Eugenio Cheché Hernández, a quien le aprendió que en el fútbol, además del talento, se necesita ser obediente y ordenado.
“Es un muchachito de esos que cambian la historia de los partidos, rápido, habilidoso, atrevido, imposible de controlar. Tiene mucho por mejorar, pero acepta los consejos y es respetuoso. En nuestro plantel ha sido fundamental y ha marcado goles importantísimos”, señala el estratega juniorista, para quien Vlacho o La Pulga, como le dicen sus compañeros, será fundamental esta noche en Manizales.
El técnico dice que “todo el equipo ha mostrado mucha jerarquía en las finales, pero él especialmente ha tenido carácter para aparecer en los momentos determinantes. Le han pegado y no se ha arrugado, ni ha reaccionado mal; al contrario, se ha agrandado con su fútbol”.
Sobre el Once Caldas, Vladimir dice que “es un equipo que juega bien, por algo es el que más puntos ha sumado en el año. En su casa seguramente tratará de arrollarnos, pero ahí es en donde debemos aprovechar los espacios y atacar. Vamos a defender con el alma esa ventaja de un gol que tenemos”.
Y por supuesto que quiere marcar, así no sea un goleador nato. Haberle anotado a Medellín, Millonarios, Chicó y Once Caldas le ha servido para acostumbrarse a celebrar, aunque reconoce que su prioridad es “salir campeón”, pues “ahora me siento más partícipe de la campaña del equipo”.
Tiene razón, en este torneo ha actuado en 19 de los 23 partidos que tienen al Júnior a punto de conquistar su séptima estrella, que seguramente brillará sobre el Metropolitano e iluminará la polvorienta cancha en la que La Pulga jugaba todos los días hasta las 10 de la noche y soñaba con ser campeón.
Barranquilla sueña con una nueva celebración
Ningún pretexto mejor que un título del Júnior para que se prenda la fiesta en Barranquilla. Después de la victoria del pasado domingo 3-2 frente al Once Caldas, los aficionados rojiblancos están ilusionados con el séptimo título.
El primero fue en 1977, cuando fue dirigido por José Varacka, quien se marchó antes de la gran final y dejó encargado del equipo a Juan Ramón ‘La Bruja’ Verón.
Repitió tres años después, nuevamente con Varacka en el banquillo. La tercera estrella llegó apenas en 1993, con Julio Comesaña. Y la cuarta en el 95, bajo las órdenes de Carlos Piscis Restrepo.
Dramática resultó la consecución de la quinta corona, en 2004, cuando, con Miguel Ángel López como timonel, venció por penaltis a Nacional. La sexta fue en 2010, con el técnico Diego Édison Umaña y varios integrantes del actual plantel.