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El contexto luce claro: supo de la imputación de cargos que la Fiscalía le tenía preparada por los delitos de peculado por apropiación, fraude procesal, concierto para delinquir y porte y tráfico de armas, por cuenta de la falsa desmovilización del frente Cacica La Gaitana en marzo de 2003, y decidió atacar primero con el envío, horas antes del anuncio, de su carta.
La fiscal recibió el golpe y de inmediato convocó a una rueda de prensa para decir que los delitos de Carlos Alonso Lucio se investigarían y que el expediente sería evaluado por el vicefiscal general de la Nación, Juan Carlos Forero. Así mismo, se declaró “inchantajeable”, haciendo una clara alusión a la carta recibida. Ya con la fiscal en el campo ideal, Restrepo reaccionó con prolongadas entrevistas acusatorias, avivando la llama de la controversia.
Lamentable para nuestra justicia este espectáculo al que estamos asistiendo. Luis Carlos Restrepo, que tiene todo el derecho a sentirse inocente y a plantear posibles fisuras en su caso, ha jugado empero la carta del chantaje para intentar frenar el paso de la justicia. Seis años se guardó Restrepo las supuestas pruebas que hoy presenta en contra del entonces asesor de los paramilitares, Carlos Alonso Lucio. ¿Por qué apenas ahora habla? ¿No ha debido, en su calidad de funcionario, denunciar a tiempo las irregularidades del proceso de paz que tenía a su cargo? Su explicación de que es ahora cuando la opinión ha estado interesada en las relaciones non sanctas del esposo de la fiscal es vergonzosa. A las claras, está aprovechando ese talón de Aquiles de Morales para politizar su proceso.
Pero la fiscal, lamentablemente, cayó en el mismo juego. Demostró, sí, que es “inchantajeable”, pero también que sus decisiones como funcionaria imparcial sí se ven influidas por su relación sentimental. Si hasta ahora se había defendido de los ataques con el argumento de que su vida privada no influía en sus decisiones públicas, al reaccionar como lo hizo demostró todo lo contrario. ¿Qué hubiera pasado si esa carta de Restrepo no denunciara a Lucio sino a cualquier otra persona? Es fácil suponer que no habría convocado la rueda de prensa, ni habría armado un escándalo en torno a la investigación a Restrepo. Ésta, que venía desde hace mucho tiempo, habría podido seguir su curso normal y para el caso del nuevo sospechoso se habrían compulsado copias e iniciado investigación. Y punto. Debatir públicamente con el investigado fue un error de juicio de la fiscal. Ella debería mantenerse imparcial y conservar indemne el derecho al debido proceso de los implicados en sus investigaciones. Esta mística ya se rompió.
Pero más allá de los titulares con que nos han regocijado a los medios, el problema de fondo sigue siendo la discutible figura de Carlos Alonso Lucio. Con todo el respeto por su vida privada, a Viviane Morales se le ha ido agotando el oxígeno y hoy es presa de las circunstancias. Parece improbable que pueda mantenerse estable en sus decisiones cuando sostiene una relación sentimental con una persona presuntamente implicada con muchos protagonistas oscuros de la historia reciente de este país. Una rueda de prensa como la del lunes es prueba de ello. Y así como sus decisiones se ven afectadas, la institucionalidad del ente investigativo también: ¿cuántos más podrían salir mañana a retar esa condición de “inchantajeable” y con qué efectos? ¿En cuántos otros procesos deberá declararse impedida? Una situación difícil, quizás insoluble, se le ha presentado a la notable fiscal que tenemos a cargo.