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Cuando escucho una canción, siento que soy esa canción, que me meto en sus acordes y entre sus instrumentos, y que no hay nada más allá de esa canción, porque la canción es una pequeña película, Un diminuto instante en el vivir, que, sin embargo, es una vida en tres o cinco minutos.
Es aguardar en el andén de una estación el tren que se irá y nunca sabremos adónde, porque lo que importa es el andén, y la gente que se despide y llega y ríe y llora. La gente que pasa por mi lado y me ve parado ahí, a la espera de ese milagro que es ese tren por llegar y que es esa canción en la que estoy metido.
Una canción es la verdad, aunque no lo sea. Es la verdad que queremos aprehender, Cuántas veces me mataron, cuantas veces me morí, sin embargo estoy aquí, resucitando. Es la verdad que nos impulsa cuando agotamos todo lo demás, cuando comprendimos que la humanidad es un invento que fracasó, Todavía cantamos, todavía soñamos. La verdad que queremos decirle a alguien a la cara, y se lo decimos con una canción, como para que no suene tan dura, como para que quede la duda de si fuimos nosotros los que dijimos Míralos como reptiles al acecho de la presa, o fue una canción.
Cuando escucho una canción soy esa canción, y soy el dolor, la angustia, la esperanza, el amor y el odio de la canción, y mientras dura, quisiera rasgarme por dentro y herirme por fuera para estar a la altura de su relato. Y un cambio de tono, de mayor a menor o viceversa, es caer a un abismo o volver a nacer, y una frase, una simple frase, me lleva a querer ser ese poeta que la escribió, Córtame la sombra leñador, líbrame del suplicio. Cuando escucho una canción me siento inmortal, aunque la canción hable de muertes, Si la muerte pisa mi huerto, quién firmará que he muerto de muerte natural.
Por una canción y con una canción me dejan de importar la inteligencia y los poderes, una canción es mi venganza contra aquellos que imponen, contra aquellos que traicionan, contra los defensores de Lo pasado en copa nueva, contra los advenedizos. En una canción veo la vida pasar como si la vida no tuviera que ver conmigo, y entre sus recovecos soy ladrón sin purgar penas, viajero sin equipaje, El último romántico, un pirata que perdió su barco o el escritor de una líneas que nunca nadie leerá.