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La nota más baja de la Feria de Cali

Las calles no lucían como cualquier sábado. Las luces navideñas colgadas de los árboles que bordean el río Cali parecían no tener quién las viera.

18 de diciembre de 2011 – 04:00 p. m.

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Un silencio sepulcral no suele ser el sonido ambiente de un sábado a las 11:00 de la noche en la capital del Valle. Por las vías caminaban hinchas del América, cabizbajos, mordiendo la camiseta, desconsolados, llorando. Casi todos, privados de taxis (los conductores decidieron no transitar por el barrio San Fernando), regresaban a sus casa reflexionando, maldiciendo. Horas antes se había gestado lo inimaginable: América había descendido a la segunda división. Más de 80 años de historia, 13 títulos nacionales y cuatro subtítulos de Copa Libertadores.

“Íbamos a cumplir hoy 32 años de haber ganado la primera estrella”, dice Rafael Medina, taxista. Ese día dañé los amortiguadores de mi moto, porque salí a celebrar a las calles y saltaba en ella. Me emborraché como dos días seguidos”, recuerda con melancolía.

Dicho recuerdo, cuando América derrotó a Unión Magdalena y por el cual los hinchas adoptaron como himno el inolvidable bolero que magistralmente interpretó Alberto Beltrán titulado Aquel 19, se fue diluyendo en las palabras del taxista. Se fue convirtiendo en un consuelo: “Ahora esta gente está acabando con la ciudad, gracias a un equipo malo, que no suda la camiseta”.

¡Ay, Benjamín Urrea!

“Ni con exorcismos descenderemos”, rezaba en las pancartas de los aficionados que asistieron al juego entre América y el verdugo Patriotas. Se referían acaso a que Benjamín Urrea, acuñado El Garabato y cofundador del equipo, maldijo a la institución en 1948, pues no estaba con la profesionalización del club. Los espectadores del sábado parecieron no tomarlo en serio. El aforo fue uno de los mejores del año, se percibía, además de la brisa y un clima coqueto, un ambiente de positivismo. Los integrantes del Barón Rojo explotaron culebras y papeletas. Pero…

Dos horas después: Carlos Chaves, nacido en Jamundí, iniciado en las divisiones menores del América, pero ahora arquero de Patriotas, tenía en sus pies la opción de mandar a la B al club del que es hincha, si metía el último penalti (luego de que el partido quedara igualado 2-2 en la serie). Entre tanto, en la tribuna: silencio, gente que se ponía las manos sobre sus ojos para no ver el tiro, unos que rezaban en voz baja y otros que se apretaban a sí mismos.

El cobro fue certero, alto, imposible para el arquero escarlata. Varias personas en las tribunas tuvieron que ser asistidas por los miembros de la Cruz Roja, pues al parecer sufrieron de preinfartos. Otros intentaron ingresar al campo, pero lo impidió la Fuerza Pública, presente a través de 1.600 hombres. Ellos mismos, minutos después, acordonaron a un grupo de hinchas hasta la cancha, pues en las tribunas se presentaron disturbios.

A las afueras del estadio, en la Avenida Roosevelt y en el parque El Templete, se desató una lucha entre miembros del Esmad y los aficionados. De los escombros de una construcción, cerca de la Unidad Deportiva Panamericana, miles se armaron de piedras y atacaron a los uniformados. Apedrearon algunos vidrios del estadio, que había sido remodelado para el Mundial Sub-20. Al final nueve heridos de consideración ingresaron al hospital Universitario del Valle y 66 personas fueron detenidas.

Los jugadores del América no dieron declaraciones a la prensa. Sí los del Patriotas. Carlos Chaves, el arquero héroe-villano, quien parecía haber llorado en el camerino: “Tengo sentimientos encontrados. Sentí un frío cuando cobré el último penalti, por eso me quedé quieto y no celebré. Porque yo me hice acá en las divisiones de América. Es triste”, aseguró el guardameta.

Cali se durmió con un sinsabor. Ya no habrá por un tiempo “América y Cali a ganar…”. Quizás el nuevo clásico en el Pascual sea Cali-Equidad, adornado de mujeres sin par del cuadro azucarero. Acaso será la nota más baja de la Feria de la caña.

 

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