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Viacrucis de la mujer

Mujeres agredidas por su pareja no podrán retirar la denuncia, según iniciativa legislativa.

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No es suficiente que le digan al marido o compañero “¡basta!”. El padecer no termina luego de que le hayan embargado el sueldo al personaje y de que el juez haya dictado sentencia. Después de la sentencia comienza otro viacrucis: el del tortuoso camino para obtener el pago de la cuota alimentaria. La historia que voy a contar, la de Aurora*, es la de muchas mujeres.

La primera estación del viacrucis es la instrucción del funcionario judicial: “Vaya al banco y saque la sábana”. Una vez que Aurora entiende lo que le dicen, se presenta ante el Banco Agrario para que le entreguen el reporte de las consignaciones resultantes del embargo.

Vuelve al juzgado, donde le dicen: “Queda para hacer. Regrese en ocho días”. Aurora regresa y pregunta si ya está la orden del juzgado. Le contestan: “Mire la orden de pago en autos”. Ella, sin entender qué le dicen, muchas veces con humildad y pena, solicita que le expliquen y el funcionario, con tono de superioridad, le contesta: “En el proceso debe estar la orden. Búsquela”. Y para qué la búsqueda, si la respuesta ya la sabe el funcionario: “Todavía no se ha elaborado la orden. Vuelva en ocho días”.

La mujer, con la necesidad de tener la plata de los alimentos, vuelve otra vez al juzgado y en la siguiente estación de su viacrucis el mismo funcionario le dice: “Sólo se entregan las órdenes los jueves. Regrese el próximo jueves”. Una semana después, el funcionario le da otra respuesta de cajón: “Ya está hecha, pero el secretario no ha firmado. Regrese mañana”.

El padecer no termina. Al día siguiente el funcionario le dice, como si quisiera torturarla: “Ya le dije que sólo se entregan las órdenes los jueves”. Y en la siguiente estación del viacrucis, la semana siguiente, el mismo funcionario le dice: “Sólo se entregan las órdenes por la mañana”. Aurora, desesperada y abatida, decide no volver sino cuando haya muchos títulos pendientes de pago, completando así el tortuoso viacrucis.

Yo no creo que las cosas vayan a cambiar luego de que se haga pública esta infamia, pero ya están prendidas las alarmas. Ya está el reflector encima de los juzgados. Llegó la hora de exigirles respeto, sensibilidad y diligencia en relación con un apremio básico de muchas mujeres y de muchos hijos sin padres responsables en Colombia.

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