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Una sorpresa completa. No sólo para los ciudadanos del común que siguen con atención la política, sino también para sus miembros más destacados. Casi nadie esperaba que él pudiera ser elegido para esta dignidad. Incluso en algunos sectores del liberalismo se sintió un cierto grado de inconformidad. El expresidente Ernesto Samper, por ejemplo, dijo no estar en desacuerdo con el nombramiento de Gaviria, pero sí con la forma como se habían convocado la elección y la constituyente.
Para algunos, el nombramiento de Gaviria constituye una renovación acertada que debía darse al interior del partido. Su juventud parece ser una carta que refresca las toldas de la colectividad. Para otros, sin embargo, es una estrategia que deja intacta a la casta de los Gaviria en el partido: así como César Gaviria (padre de Simón) fue en su momento el director, y luego eligió a Rafael Pardo para sucederlo, ahora su hijo asume el cargo.
El liberalismo, con este nuevo nombramiento, debe saber que le esperan muchos retos. Y el primero es mantener la unidad, un trabajo que tendrá que adelantar Gaviria con la sutileza, diplomacia y frialdad que el cargo exige. Hacia el espectro político nacional son retos mucho más grandes. Saber guiar al partido dentro de la Unidad Nacional del presidente Juan Manuel Santos, como anunció su nuevo director, es algo respetable. Pero deberá definir su rol dentro de esta coalición. El Partido Liberal no puede quedar a la deriva de las decisiones del Gobierno, sino que deberá tener una visibilidad propia. Una ideología política, por decirlo en términos simples. Sin esto y, sobre todo, sin que la ciudadanía lo identifique como tal, no podrá sobrevivir a una era post-Unidad Nacional.
Su nuevo director es optimista: dice que la Unidad Nacional de Santos fue el impulso que puso al partido como la primera fuerza política del país. Esta afirmación es cuestionable. Si bien algunas de las políticas y luchas de Santos son de raigambre liberal, la fuerza electoral y el capital político que le dan dicho impulso, y que la ciudadanía tiende a identificar, provienen del Partido de la U por el que fue elegido. Por eso la importancia de una renovación liberal. En un ideario con miras a un electorado nuevo, que no está familiarizado con la fuerza institucional que el liberalismo tuvo hace unas décadas.
Al igual que lo mencionamos en estas líneas a propósito del Partido Conservador y del Polo Democrático, creemos que el Partido Liberal necesita fortalecerse. No sólo por lo que implica en términos de historia política, sino, sobre todo, por su significado para la institucionalidad de este país. Una democracia tiene la necesidad de que los partidos sean fuertes, que defiendan posiciones distintas, que se enfrenten en el foro público representando a la diversidad de las ideas que reposan en la ciudadanía. Es por esto que el liberalismo necesita acudir a sus raíces y revisar en qué medida puede dar una pelea política como las de antaño, en medio del pluralismo y las posiciones de vanguardia. No puede disolverse, repetimos, en una coalición que depende sobre todo de una movida promovida desde el Ejecutivo y que, claramente, no está destinada a perdurar luego de que la era Santos termine.
Esperamos que así sea. Y que, con su nombramiento, Simón Gaviria entienda la “renovación” que su nombre supone para muchos sectores del liberalismo.