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El desastre vial

Desde el domingo en la noche, a la altura del sitio conocido como ‘Los Chorros’, localizado en el Alto de la Línea (la vía más importante del país en materia de comercio, por donde pasa el 60% de los camiones de carga colombianos), hay un hueco gigantesco —20 metros de calzada— que impide el paso vehicular. Un verdadero desastre en casi todas sus proporciones posibles: el comercio, la infraestructura vial, el paso de vehículos particulares, la comunicación con el sur del país, entre otras.

23 de noviembre de 2011 – 06:00 p. m.

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Este paso no es el único con daños. Se sabe que otras nueve carreteras están en problemas. Todas ellas situadas en puntos estratégicos, como si hubieran sido elegidas deliberadamente para dejar en caos a Colombia. En Antioquia, por el cierre de la vía Medellín-Ciudad Bolívar y Medellín-Puerto Berrío. O en Atlántico por el de la Vía de la Cordialidad. O en Boyacá por el de Belén-Paz del Río, entre otras. En fin, en los puntos cardinales que comunican este país.

Un verdadero desastre que fue, como todos los que se desligan de la nueva ola invernal, asunto anunciado con un año de antelación. Si bien el ministro de Transporte, Germán Cardona, en conjunto con un capital humano e industrial gigantesco, parece trabajar a todo vapor para restablecer el paso en La Línea y da, a la vez, rutas alternas para que los transportadores lleguen a sus destinos (asunto que causó, por obvias razones, la indignación del gremio y el bloqueo de la vía), se está concentrando en solucionar asuntos que nunca debieron haber pasado.

Por dos razones, principalmente: la primera, que hemos repetido en este espacio con cada desastre que pasa, es que la ola invernal estaba prevista. Lo dijimos los medios. Lo anunció el Ideam. Lo dijeron los técnicos, los expertos, e incluso, a veces, los no expertos. Aun así los grandes daños siguen pasando. Y la segunda es el estado de las vías, un tema no tan sonado por el bombo mediático del invierno, pero en el que los gremios de transportadores tienen razón. ¿A dónde va el dinero de los peajes? ¿Esos —según sus cifras— $16 billones de los pasados cinco años? Porque no es sólo el manejo de la contingencia de un fenómeno natural, sino el de la transparencia en el uso de los recursos para inyectar capital a las obras.

Tal vez tenga razón la prensa inglesa que, con motivo de la visita del presidente Juan Manuel Santos al Reino Unido, dijo que si bien Colombia presentaba un crecimiento económico notable, su infraestructura vial era un “monumental retraso”. Muy probablemente, de no presentarse estas dos variables que mencionamos, no estaríamos lamentándonos ahora.

El presidente Santos ha dicho que las obras deberán hacerse de la mejor manera y que es mejor hacerlas bien que hacerlas rápido. El ministro Cardona ha dicho que el paso por La Línea se restablecerá para este fin de semana. Dos declaraciones alentadoras. Pero ese no es el punto. ¿Hasta cuándo los gobiernos de este país entenderán que lo urgente no existiría si se atendiera lo necesario de antemano? Y otra pregunta que surge, dado que lo necesario no fue atendido, es: ¿Y mientras tanto qué? ¿Qué ocurrirá con esas vías arterias que comunican a este país? ¿Cómo hará para no perderse lo que se gana en comercio en estas rutas?

Terribles preguntas que no deberíamos hacer, pero que el Gobierno deberá atender de una forma rápida. La economía del país (la cifra es exorbitante: 150 millones de dólares que se ven afectados con el cierre, tan sólo, de La Línea) depende de una buena gestión para el caso. Es hora de actuar.

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