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Qué se le admira a una marca

Hugo Sabogal
17 de abril de 2016 – 12:03 a. m.

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A principios de marzo, la influyente revista especializada Drinks International, de Inglaterra, anunció el resultado de su ya famoso concurso “Las marcas de vino más admiradas del mundo”. A pesar de ser el “Premio Óscar” del sector, sus seguidores tienden a ser más los profesionales que los aficionados.

Para ser una marca admirada se requieren dos cosas: una, que sus colegas y competidores la consideren un ejemplo a seguir, y otra, que el beneficio ofrecido a los consumidores y a la sociedad —su razón de ser— esté por encima de todas las consideraciones. Como algunas de las 50 marcas más admiradas del mundo las tenemos entre nosotros, considero oportuno mencionar los motivos por los cuales los jurados internacionales de Drinks International las premiaron. Esta vez tuvieron en cuenta otras dos consideraciones: la consistencia a lo largo del tiempo y la búsqueda de factores de diferenciación en el mercado.

Entre los 50, y para orgullo de los bodegueros chilenos, hay seis marcas de esa nacionalidad, que compitieron, de igual a igual, con prestigiosas casas de Francia, España e Italia. En 2016, Australia aportó el primer puesto, con Penfolds, empresa creada en 1884. Uno de sus méritos es elaborar vinos de distintos niveles de complejidad y precio, con la meta de que el más sencillo debe ser manejado como el mejor.

El segundo puesto fue para Torres, de España, que durante tres años consecutivos ocupó la posición principal. Conocida por sus tradicionales vinos Sangre de Toro, Mas la Plana y Grans Muralles, Torres —que también opera en Chile, California y China— sorprendió por su obsesión de trabajar más en pos del valor que del volumen. Y quizás no hay hoy en el mundo una bodega que haga más por el medioambiente que Torres. Su meta para 2020, y a un costo de 10 millones de euros, es reducir en un 30 % sus emisiones de gas carbónico al aire.

La tercera marca más admirada recayó en Ridge, de California, cuyo aporte histórico a la uva Zinfandel no tiene paralelos, como tampoco los tiene su permanente entrega a hacer vinos de conciencia artesanal, con calidad inigualable.

La cuarta la obtuvo Casillero del Diablo, de Chile, cuya consistente calidad no varía en ninguna de los cinco millones de botellas que despacha a 145 países del mundo, sin descuidar tampoco la innovación ni la creación de tendencias.

La séptima posición global quedó en manos de Viña Errázuriz, que nunca deja de ser un modelo a seguir en Chile.

Cono Sur, con su excelente manejo de la uva Pinot Noir en el Nuevo Mundo, se llevó la decimoquinta plaza. En el lugar 46 se instaló Undurraga, que ha trazado importantes caminos como buscador de nuevas fronteras enológicas en su territorio. En particular, su serie Terroir Hunter (TH) ha sorprendido a la crítica mundial. Es uno de los proyectos más interesantes realizados actualmente en Chile. Viña Leyda (47) sorprendió al jurado con la proyección mundial de las zonas de Leyda y San Antonio, en la costa chilena, donde hoy se producen sobresalientes blancos y tintos ligeros. Y, finalmente, en la posición 50 se reafirmó Santa Rita, que ha figurado en cinco ocasiones entre las 50 mejores del mundo, principalmente por su histórico papel en la evolución del vino chileno.

Como ven, hay motivos de sobra que justifican visitar estas marcas cada vez que podamos.

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