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A nivel simbólico este primer round ha sido determinante: se demostró que la protesta pacífica (esos policías desconcertados ante los abrazos de los estudiantes) sí tuvo un impacto y produjo resultados positivos, en parte también por la actitud conciliadora del Gobierno.
Ahora viene un segundo round de mucho más largo aliento. Se viene el tiempo histórico de la construcción de una idea colectiva. Algunos expertos consultados nos han mencionado una verdad que es hoy irrefutable: en primera medida, que desde ahora el tema de la educación debe abordarse desde cero, es decir, discutir una propuesta nueva y no partir para la discusión de la reforma retirada. Y en segundo lugar, que hay que escuchar a los estudiantes. Muchos de ellos tienen herramientas y argumentos suficientes para poner sobre una mesa de concertación.
Los estudiantes han planteado lo que quieren a nivel de la educación y su financiamiento. En cuanto a la primera, una educación pública gratuita desde los primeros niveles de la infancia, de alta calidad, que permita el pensamiento crítico y el desarrollo de seres humanos integrales, con un rol ajeno a las necesidades productivas y del mercado. En cuanto a la financiación han mencionado algunos nichos de donde podría extraerse el dinero, claro, en detrimento de otros sectores que tradicionalmente han sido privilegiados. Sin entrar en los puntos específicos —asunto que dará mucho de qué hablar en los meses por venir—, Gobierno y estudiantes tienen una responsabilidad mayor: ni más ni menos, plantear un tipo de país y de sociedad, con las prioridades de gasto específicas que requeriría.
Habrá que debatir muchas cosas. El tema de la financiación, preocupación creciente en las universidades públicas y que debe resolverse pronto; el tipo de educación que se quiere ofrecer; el llamado “apartheid educativo”, que marca no solamente una brecha inmensa entre ricos y pobres, sino también un tipo de sociedad, entre otros. El tiempo que se requiere es amplio y los estudiantes deberán estar al tanto de esto para que las clases, los exámenes o las vacaciones no los tomen por sorpresa. Es una oportunidad que no deben desaprovechar. Por lo mismo, podrían convocar a más sectores sociales y pensar en una discusión franca con partidos políticos y movimientos.
El punto que quisiéramos rescatar es que este podría convertirse en un evento histórico: la concertación de una política pública en lugar de la imposición de la misma; el eventual debate en el que se deberán escuchar los puntos de vista del “otro”, del que hasta ahora se ha visto como “enemigo”. Y por ahí habría que comenzar, por dejar a un lado la mentalidad que presume que los que están en un “bando” sólo quieren lo peor para el otro. Llegó la hora de construir y no de destruir las propuestas que la contraparte exponga.
Si el Gobierno y los estudiantes se enfrascan cada uno en una visión inflexible, poco se logrará y el multitudinario paro quedará como una simple anécdota. Tanto las exigencias de los estudiantes —una mesa única de negociación, los procesos de la concertación colectiva— como los argumentos de política pública del Gobierno deberán ser tenidos en cuenta y escuchados con miras a un cambio de mentalidad propositivo. Santos deberá tener más sensibilidad frente a la comunidad académica. Los estudiantes deberán tener conciencia de las limitaciones del Estado. No se trata de sentarse a hablar cada uno por su lado, sino de dialogar para lograr la propuesta que, en conjunto, sea la mejor y más viable para Colombia.