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Integración andina ¿declaraciones o realidades?

Una declaración de amor eterno puede ser necesaria pero no asegura que se logre.

César Ferrari
14 de noviembre de 2011 – 03:35 p. m.

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La declaración de los presidentes andinos del martes 8 pareciera ser tal. Es necesaria porque los compromete a no abandonar 42 años de esfuerzos de construcción de la CAN. Pero no es suficiente. Se necesita mucho más, particularmente resolver varias cuestiones económicas. Primero, si todos los países andinos persisten en aumentar su producción de materias primas y disminuir su producción de manufacturas como proporción de su producción total ¿qué comerciarán entre ellos? ¡No compran materias primas, compran manufacturas! No es casualidad que las exportaciones andinas se destinen mayoritariamente a los Estados Unidos, Europa y China, ni que la mayor parte de las importaciones andinas provengan de los mismos. Ellos son los que compran materias primas y producen manufacturas. No sorprende que Mercosur sea más dinámico que la CAN. Integra a Brasil y Argentina, las economías más grandes de Sudamérica. Más importante, no han desistido de desarrollar sus manufacturas, así que tienen que intercambiar. ¿Por qué resulta tan difícil para los andinos producir manufacturas e intercambiárselas? La respuesta es obvia: porque sus productores no pueden competir, ni siguiera en sus propios mercados, con los productores chinos, europeos o estadounidenses. Que no tengan súper carreteras ni súper puertos no es la razón; con las que tienen pueden exportar materias primas e importar manufacturas. No pueden competir porque con relación a los productores europeos y estadounidenses sus costos financieros son muy superiores y sus productividades muy inferiores. Con relación a los chinos sus tasas de cambio están muy revaluadas y sus costos financieros son muy elevados. Escapan a esa situación las grandes empresas andinas que son las que producen materias primas, servicios financieros y comercialización en grande superficies. Acceden a financiamiento barato en los mercados internacionales de crédito o en el de capitales, las primeras compensan la revaluación cambiaria con buenos precios internacionales, las segundas operan sin competencia internacional en mercados cerrados imperfectos, lo que les produce grandes ganancias. El problema es que ni unas ni otras demandan mano de obra en forma abundante. Adicionalmente, los camiones ecuatorianos no pueden circular libremente en territorio colombiano. Esa barrera no debería ser difícil de resolver. Más importante. Ecuador está dolarizado. Consecuentemente, cada vez que Estados Unidos inunda el mundo con dólares y devalúa su moneda, Ecuador mejora su competitividad… y si se dejan, los otros andinos la empeoran. Y cuando los precios petroleros caen, Ecuador, sin ingresos, como no puede devaluar, eleva sus aranceles. Integrarse así, cuando los pocos flujos de comercio se bloquean o cambian de sentido al compás de los problemas internacionales, es muy complicado. Mejor dicho, la integración andina requiere que los andinos apliquen otras políticas monetarias y regulatorias que induzcan tasas de interés reducidas y tasas de cambio más devaluadas y que Ecuador reasuma su política monetaria. ¿Mucho pedir? No tanto si integrarse y generar empleo abundante les interesa de veras. Ph.D. Profesor, Pontificia Universidad Javeriana

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