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No cae como consecuencia de las graves denuncias por corrupción y los procesos que se siguen en su contra o por sus repudiables posiciones xenófobas y machistas. El derrumbe de Il Cavaliere es una exigencia de los mercados europeos ante la debacle que se cierne sobre Italia y la desconfianza que generaba el ex primer ministro para resolverla. Pero la crisis continúa.
Como lo dijera Antonio Tabucchi “es un alivio saber a un monstruo semejante apartado de la vida pública. Pero no será tan fácil desberlusconizar a Italia ni erradicar el microbio que ha difundido por toda Europa”. Han pasado 17 años desde que este animador y cantante de cruceros llegara a la política, amparado en el dinero amasado como constructor merced a los favores recibidos del prófugo ex primer ministro Bettino Craxi. Dos de los cofundadores de Forza Italia están hoy en la cárcel por corrupción, mientras que Berlusconi mantiene total impunidad dado que, apoyándose en su poder mediático, ha transitado por los pasillos del poder donde asumió de nuevo como primer ministro tres años y medio atrás.
Desde entonces manejó el país como su finca propia, sin importarle los señalamientos en su contra: la cercanía con sectores de la mafia; su estrecha amistad con Gadafi; el uso de sus medios de comunicación para demoler a sus contrincantes y la expedición de leyes atentatorias contra la libertad de expresión; el blindaje confeccionado a la medida en el Congreso para mantener la inmunidad permanente, amén de las leyes expedidas en beneficio de sus propios negocios; su escandalosa vida sexual; la degradación de la mujer y su desprecio por los migrantes ilegales, etcétera, convirtieron a Italia en un país de opereta, para oprobio de sus habitantes. ¿Cómo se llegó a esto? Según Tabucchi, por culpa de un empresariado que se lucró inmensamente y de un Vaticano que lo tuvo como puntal de la propagación de la fe, así como del descarado control de los medios de comunicación para mantener a la opinión pública alejada de la realidad.
De ahí que cuando el tsunami de la crisis económica amenazaba a Italia, luego de haberse llevado por delante a Georgios Papandreu en Grecia, no le quedó salida distinta a la dimisión luego de que el parlamento aprobara las medidas exigidas por la Unión Europea. La situación italiana es mucho más grave que la de Grecia, pues mientras la deuda soberana griega es de unos 230.000 millones de euros la italiana sobrepasa los 1,8 billones. De momento, todo parece indicar que el llamado a salvar la situación será Mario Monti, un tecnócrata serio, íntegro, y quien no dudará en obrar con transparencia y pulcritud para sacar adelante a un país que se encuentra al borde del precipicio. Todo lo contrario a Berlusconi. Sin embargo, no es segura la designación de Supermario, como se lo conoce en la burocracia europea, por parte del presidente Giorgio Napolitano, dado que, a pesar de la urgencia, el partido de Berlusconi y sus antiguos aliados de la Liga Norte se oponen a un gobierno de tecnócratas y exigen elecciones inmediatas. La opinión pública se haya también dividida casi por mitades entre las dos opciones y, mientras tanto, el paciente continúa en cuidados intensivos, por lo que no es extraño que aumenten las especulaciones según las cuales Alemania y Francia querrían crear una Eurozona de países sin problemas de financiación en la cual Alemania, Holanda, Luxemburgo, Bélgica y Francia se tengan la manija.
Por ahora es de esperar que la pronta transición en Italia logre tranquilizar a los mercados europeos y que la figura otrora intocable de Belusconi por fin pueda ser alcanzada por la justicia. Será ésta la que determine con independencia hasta dónde las muchas deudas pendientes que el ex primer ministro tiene con su país serán pagadas para bien de la institucionalidad, la decencia y la civilidad.