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Alberto Fujimori paga 25 años de cárcel por corrupción, secuestro y crímenes de lesa humanidad.
Mediante el autogolpe de 1992 disolvió el Congreso, se apoderó de la Rama Judicial e instauró un estado de emergencia para combatir el terrorismo y el narcotráfico. Al tiempo que practicó un asistencialismo populista entre los pobres, sometió a 270.000 mujeres a la esterilización forzosa. Su legado nefasto incluye el hundimiento de la democracia y los partidos, la normalización de la corrupción y la represión de la oposición política (en especial de izquierda), pese a que también goza de reconocimiento por haber diezmado a Sendero Luminoso y puesto en marcha reformas neoliberales a las que se atribuye el crecimiento experimentado desde entonces.
Estos sentimientos encontrados que suscita el fujimorismo en el imaginario colectivo explican los resultados inconclusos de las elecciones del 10 de abril en Perú. Keiko Fujimori recibió el 40 % de los votos y su partido, Fuerza Popular, ganó la mayoría absoluta en el Congreso, siendo su hermano Kenji el candidato más votado.
Sin embargo, el vacío dejado por Julio Guzmán —quien iba de segundas en las encuestas y cuya suspensión por el Jurado Nacional de Elecciones fue clasificada como una farsa— fue llenado no sólo por Pedro Pablo Kuczynski, de Peruanos por el Kambio, sino por Verónika Mendoza, el verdadero “palo” de la contienda.
Aunque no pasó a segunda vuelta, la alta votación de Mendoza, en especial en el sur del país, donde ganó en seis departamentos, más la de su partido Frente Amplio, indica un inesperado ascenso de la izquierda. Ello se debe a la desilusión del electorado peruano con la economía de mercado y la democracia, la cual se ve reflejada —según el sondeo realizado en marzo de 2016 por el Instituto de Opinión Pública de la PUCP— en que la mayoría favorece cambios “radicales” en la política social y económica, y más intervención del Estado en pro de la educación, la salud y la justicia. Si bien se trata de posiciones desideologizadas que no se asocian con la izquierda ni la derecha, resaltan la distancia que existe con Keiko y Kuczynski, que coinciden en su defensa del statu quo económico.
Por esto, la Presidencia del Perú está en el aire. Mientras que los votos obtenidos por otros de los 18 candidatos se endosarán a Kuczynski, es difícil que éste asegure los de Mendoza, dada su falta de credibilidad entre los peruanos de menores ingresos.
En cambio, el arraigo de Keiko entre las clases populares hace pensar que coqueteará a la izquierda desde un populismo de derecha. A su vez, hasta qué punto la candidata convenza a los indecisos que su distancia frente a Fujimori padre es real pesará en la efectividad con la cual combate el antifujimorismo que será plato principal de las elecciones del 5 de junio.