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¿Panama Papers?

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No todo lo que aparece en los llamados Panama Papers es ilegal, como tampoco es completamente justo que esta filtración, considerada incluso más grande que los Wikileaks, sea usada para estigmatizar a toda una nación.

Empiezo por lo legal. La creación de compañías offshore no es un delito. Son millones las empresas e individuos que tienen representaciones en países que ofrecen confidencialidad bancaria y beneficios financieros. Su mal uso es lo que podría ser ilegal. Si estos vehículos legales fueron usados para esconder fortunas de ser tributadas apropiadamente, entonces el problema está en su mal utilización y no en su existencia.

Lo realmente preocupante es cómo personas que supuestamente sólo han dedicado su vida a la actividad pública tengan tanto dinero que necesitan de este tipo de sociedades. Qué tantos impuestos han evitado pagar y si han violado las normas comerciales y financieras de sus naciones aún está por ser probado, y mientras no se llegue a conclusiones contundentes tras peritazgos financieros, los nombrados deben ser considerados inocentes, pero lo que no se debe perder de vista es el origen de su riqueza. Ahí está la clave del asunto.

También es cuestionable la estigmatización que está sufriendo todo un país. Llamar esta cascada de documentos “Panama Papers”, usando como referencia inmediata el nombre de una nación que es mucho más que una poderosa oficina de abogados, es un gran riesgo. Para un país que vive de los servicios financieros y su actividad de puerto, recibir un golpe en percepción y credibilidad significa inmediatas y contundentes repercusiones económicas.

No es que Panamá como nación no tenga velas en este entierro. El país aún tiene como asignación pendiente proceder con una investigación a fondo sobre lo que está ocurriendo con la firma Mossack Fonseca y sus procesos de verificación del origen de los fondos que respaldan las sociedades que ayudan a crear.

Por eso el primer interesado en demostrar que Panamá es una nación confiable y limpia es el presidente Varela. El mandatario no se puede dar el lujo de dejar pasar este incidente en blanco. Ahora que está bajo la mirada atenta del mundo debe actuar contundentemente de una vez por todas para tomar las medidas necesarias que hagan de su nación una que cumpla con todos los parámetros necesarios para que no siga siendo percibida como paraíso fiscal. Su acción firme es necesaria por que, de no proceder, estará convirtiéndose en cómplice de los más poderosos, que deben explicar de dónde vienen sus fortunas, y será culpable de que Panamá sea considerado para siempre un país mercenario dispuesto a acomodar el dinero de los más poderosos sin importar cómo lo hayan obtenido.

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