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A educar con deporte extremo

En Engativá usan el canotaje para combatir violencia escolar.

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El rafting, el rappel y el equilibrio sobre cuerdas dejaron de ser deportes extremos para convertirse en estrategias de ayuda a estudiantes bogotanos que manifiestan haber participado en pandillas, usar armas o ser víctimas de acoso sexual.

La novedosa iniciativa es promovida desde febrero por la Alcaldía de Engativá, que semanalmente desarrolla en Tobia (Cundinamarca) campamentos de tres días para niños de 8 colegios de la localidad, entre ellos el Francisco José de Caldas, el Laureano Gómez y el Nidia Quintero. Se trata de encuentros que  combinan la lúdica con la pedagogía en busca de que los jóvenes enfrenten y solucionen los problemas que los cercan en su comunidad estudiantil.

Los estudiantes que participan en el proyecto -114 lo han hecho- tratan temáticas relacionadas con prevención del consumo de estupefacientes, educación sexual, proyección de su vida, fortalecimiento del núcleo familiar y de la autoestima.

La idea es combatir los principales problemas de los  escolares, que tal y como lo reveló este martes este diario, van desde violencia hasta alcoholismo y consumo de drogas. Según la Policía Nacional y la Dirección de Regulación Planeación, Estandarización y Normalización del DANE, el 56% de los estudiantes son víctimas de hurto por parte de sus compañeros y el 38% de violencia emocional. Por eso, la corporación Eco por la Vida y la Alcaldía de Engativá decidieron emprender el programa, llamado ‘Educar para transformar’, que pretende revertir la violencia por medio del ‘aprendizaje experiencial’.

Según el coordinador general del programa, el psicólogo de la Universidad Nacional Alexánder Quinche, los resultados en los jóvenes son inmediatos y se pueden verificar en los testimonios de los padres de familia con quienes se reúnen 20 días después de que se termine el campamento.

Siguiendo este precepto, los psicólogos, edufísicos y profesores de ‘Educar para transformar’ someten a los estudiantes a actividades como rafting, cabalgatas y caminatas por el pueblo, para luego enseñar por medio de la reflexión y las comparaciones con la cotidianidad de la vida. Por ejemplo, en la actividad de la base ‘Mi familia, mi núcleo’, los jóvenes que practican rafting deben cargar consigo un huevo que cuidan, por medio de la delegación de tareas, pretendiendo ser una familia que debe mantenerse unida.

Eco por la Vida quiere replicar la idea después de julio en otros colegios de la localidad y, posteriormente, en otras zonas de la ciudad. Y, aunque Omaira Zárate, una de las coordinadoras del programa, cree que el costo del mismo es elevado —$606 millones por semestre—, no duda que la reducción de los índices de violencia en los colegios que participaron es clave para detener el pandillismo en la capital.

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