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No se puede tapar el sol con las manos: las manifestaciones pacíficas del pasado dos de abril desbordaron los cálculos de muchos, incluidos los de los promotores. Bogotá, lluviosa, vio llenar la plaza de Bolívar y no cabe duda de que multitudes salieron a marchar en Medellín.
Ayer contrastaban los cálculos acerca del número de participantes. No podían ser mayores las diferencias: un general de la Policía afirmó en Blu Radio que en Medellín manifestaron 25.000 personas; los organizadores de la marcha hablan de una cifra diez veces mayor. Imposible conciliar, aunque, a juzgar por videos y fotos, la Policía se quedó corta.
No hay espacio, entonces, para la teoría de los “cuatro gatos”, acuñada hace algunas semanas, cuando algunos senadores manifestaron enfrente del Palacio de Nariño con la consigna de “Santos renuncie”.
Grandes movilizaciones en Colombia han solido tener propósitos claros. 12’000.000 de personas asistieron en numerosos municipios de Colombia a la gran marcha por la paz, en octubre de 1999, convocada por el movimiento No más, alentada por la consigna en contra del secuestro; el Eln había realizado uno masivo en la Iglesia la María en Cali unos meses antes. En agosto del mismo año, sin que mediara organización previa, la plaza de Bolívar fue abarrotada cuando Jaime Garzón fue asesinado (como se sabe, uno de millares de crímenes cometidos por el paramilitarismo, con importante gestión oficial).
En las marchas del dos de abril pasado abundaba la diversidad de mensajes: desde la oposición al gobierno de Santos (se le atribuyó corrupción, entrega del país al narcoterrorismo y el castrochavismo, la negociación con impunidad, circuló la ya famosa pancarta de “Juan Gabriel Santos” y la comunidad del anillo), la persecución política (en contra de Santiago Uribe, los exdirectores del DAS, Hurtado y Noguera, Andrés Felipe Arias y otros), la protesta por la venta de Isagén, el lío de Reficar, avisos en contra de la restitución de tierras, hasta las presencia de Blood and Honor, división Colombia (movimiento neonazi creado en los 70 en Inglaterra. ¿Legales?). Gama heterogénea que converge en la oposición de Uribe a Santos y al proceso de paz.
Resulta absurdo concebir a Noguera, ya condenado, como preso político, o a Santos como vasallo del castrochavismo, así como es claro el tipo de proyecto político de quienes atacan la restitución de tierras. Sin embargo, es irreal clasificar como proclive al paramilitarismo, la guerra y el neonazismo al conjunto de los marchantes. En algunos está fresco el dolor de actos cometidos por la guerrilla, de tanto peso como el infligido a tantos por el paramilitarismo, en otros viva la inconformidad y también la desinformación, cosecha de la pobre estrategia de comunicaciones del Gobierno.
Sorprende que el Gobierno no replique el dato público que más debe interesar: que en los últimos ocho meses la cifra de muertos atribuible al conflicto ha sido la mas baja en cinco décadas.