Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Para nadie es un secreto la actual realidad económica del país del Sagrado Corazón.
Colombia se debate constantemente en extremos significativamente opuestos. Por un lado están quienes argumentan que el país no tiene manera de recuperarse y por supuesto buscan culpables. Por otro están quienes ven que la realidad del país son las oportunidades y por ende buscan soluciones.
La lectura de la situación macroeconómica del país tiene muchas explicaciones. La mayoría de ella tiene su génesis en el Estado. No obstante, el Estado somos todos y por ello debemos ser partícipes y aportantes de soluciones de largo plazo y de esta manera evitar el cortoplacismo el que además de ser un mal endémico es político y más allá populista. Por ejemplo, tímidamente se ha divulgado a la ciudadanía de manera sencilla asuntos macro económicos como la inflación y las perspectivas del país de cara al crecimiento de su PIB y al control del déficit fiscal, entre otros. Al respecto, han sido las políticas de Estado, en este caso lideradas por el Banco de la República, las que han dado cuenta del porqué de la situación actual y cuál es la estrategia que se ejecuta para contener los desafíos actuales de la economía.
Cuando se revisan con detenimiento las cifras macroeconómicas del país, se infiere: o que el país va de mal en peor o que el país, o por el contrario, estamos embebidos un ciclo económico largo y que está tocando fondo y que claramente la situación se revertirá prontamente. Lo cierto del caso es que las empresas colombianas deben revisitar sus planes estratégicos para dar respuesta a la actual coyuntura económica del país. En este sentido, la materia prima para revisar la estrategia de las compañías es precisamente las cifras macroeconómicas y las perspectivas de crecimiento de la economía y en particular cómo ésta afecta los objetivos de corto, mediano y largo plazo.
En lo que hay que tener mucha prudencia es al momento de la toma de decisiones. Los administradores o líderes empresariales deben saber escuchar a sus ejecutivos, con ello deben saber leer los mensajes y separar de ellos la pasión y la tendencia excesiva o de pesimismo o de optimismo. Respecto al pesimismo, éste no sólo asusta sino que se irradia de manera fácil entre las empresas y por supuesto en la economía misma. Es por eso que cuanto más se analicen a fondo las cifras, mejores serán las decisiones que se toman en materia de estrategia empresarial. Paradójicamente lo contagioso entre los ejecutivos es el pesimismo.
Por su parte el exceso de optimismo conlleva a nadar contra la corriente. No obstante, en este lado es donde normalmente se encuentran los creativos, los innovadores, los emprendedores, a los que normalmente califican de “locos”. Lo cierto del caso es que al escuchar los argumentos de manera desapasionada, podría generar alternativas de crecimiento diferentes y poco convencionales. Habitualmente, las ideas de los optimistas no son ni siquiera escuchadas y por ende desechadas.
Es aquí donde los líderes empresariales deberían dejarse contagiar por las oportunidades que se traen a la mesa de discusión. Quizá en alguna de esas ideas diferentes es donde existe oportunidades de crecimiento en momentos coyunturales adversos como los que atraviesa el país.
Lo rescatable de esta dualidad es que debemos recordar que estamos en la misma embarcación. No es posible que se logre ser exitosos en los negocios cuando los ejecutivos están divididos o peor aún polarizados. Si bien es cierto las pasiones despertadas por quienes argumentan cualquiera de las posiciones (optimista o pesimista) exacerba el mensaje y lo promueve, lo cierto del caso es que todos estamos en el mismo barco y si queremos ser exitosos, debemos desapasionarnos y dejar de buscar culpables y más bien construir conjuntamente soluciones.