Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El martes 27 de marzo fue citado el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, a la plenaria del Senado para un debate de control político. ¿El motivo? Explicar qué medidas ha tomado el Gobierno para palear la crisis que enfrenta el sector cafetero. Pero extrañamente, las primeras palabras del funcionario fueron para afirmar que no tenía ninguna aspiración de convertirse en candidato presidencial, lo que dejó en el ambiente una extraña sensación o, mejor dicho, como reza el adagio popular, una sensación de ‘explicaciones no pedidas, acusación manifiesta’.
Porque si la intención de Echeverry era borrar los constantes rumores, según los cuales está cocinando esa aspiración, el efecto fue contrario. En el Capitolio y en los mentideros políticos del país se dice que sería la gran carta del Partido Conservador para los comicios de 2014, candidato que surgiría desde las entrañas del pastranismo y quien, a juicio de propios y extraños, ha venido construyendo una sólida plataforma para catapultar su candidatura. Al fin y al cabo es el ‘dueño de la chequera’ en el gobierno de Juan Manuel Santos.
Ésta es una posición que tiene incómodo a más de uno. Así lo plantea uno de los más reconocidos dirigentes del Partido de la U, quien pidiendo la reserva de su nombre, aseguró que “los bobos fuimos nosotros, que en el Congreso le dimos todos el poder sobre el manejo de los presupuestos, comiéndonos el cuento de que no era político sino académico. ¿Qué más poder que la plata? Y en eso están juntos el ministro de Minas, Mauricio Cárdenas; el director de Planeación, Mauricio Santamaría; el director del Departamento Administrativo de Prosperidad Social, Bruce Mac Master y el director de la DIAN, Juan Ricardo Ortega”.
La relación de estos altos funcionarios que manejan el núcleo de poder en el Gobierno Santos es de vieja data. Durante el Gobierno del expresidente Andrés Pastrana —cuando Santos era ministro de Hacienda— uno de sus principales alfiles era precisamente Echeverry, entonces director de Planeación. En esa misma entidad estaba Santamaría haciendo sus primeros pinitos en la vida pública, al igual Ortega. Cárdenas, por su parte, era compañero de gabinete de Santos.
Aunque es innegable que Echeverry ha sido un hombre ligado estrechamente a la academia, e incluso fue decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, su vena política es evidente. “Él sabía a qué le apuntaba y el poder que iba a concentrar en este Gobierno (…) poco le interesaba la construcción de una coalición como a la que apuntó el mandatario. Cuando se conformó el Comité Político Central, para definir si el Partido Liberal ingresaba a la coalición de Gobierno, el voto de Echeverry fue negativo”, cuenta un miembro del liberalismo que participó en la conformación de la Unidad Nacional.
De hecho, esas diferencias con los liberales se han hecho evidentes desde el primer momento. Durante el trámite de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, uno de los principales obstáculos fue el tema presupuestal. Ahora, el pulso se ha dado por la redistribución del presupuesto de las regalías, asunto que tiene en el ojo del huracán a Echeverry ya que a las regiones no les está llegando el dinero. Y uno de sus críticos más duros ha sido el presidente de la colectividad roja y de la Cámara de Representantes Simón Gaviria.
Que el minhacienda sabe a qué juega, de eso no cabe duda. El viento sopla hoy a su favor: la economía marcha bien, la inversión extranjera crece y el recaudo tributario alcanzó cifras récord el año pasado. Sus relaciones con el Banco de la República son cordiales. Por eso, ante la orfandad de dirigentes de talla presidencial, en el Partido Conservador lo ven como un as en la baraja: “Si hay alguien que tenga credibilidad, poder, ascendencia sobre el Congreso y la confianza de Santos, es Echeverry. La posibilidad de que el candidato del conservatismo sea el procurador Alejandro Ordóñez, no es más que un embeleco. Es el ministro de Hacienda quien tiene la característica de estadista”, plantea un dirigente conservador.
En el Partido de la U son conscientes de la apuesta de Echeverry. Y con recelo, hay quienes lo ven como ‘un tipo brillante, pero prepotente, arrogante y soberbio, que incluso ha demostrado su intemperancia con el Congreso (…) pero sin duda tiene rostro de presidenciable’. Inlcuso, hay quienes consideran que su ascendencia en el Ejecutivo es de tanta magnitud que de a poco ha venido desplazando del panorama político a posibles rivales en una contienda electoral, como el ministro de Interior, Germán Vargas Lleras, con quien —dicen— ha tenido varias diferencias.
El círculo del ministro Echeverry
Mauricio Santamaría
Director del Departamento de Planeación Nacional, la última palabra en los denominados triángulos del buen gobierno, instancia definitiva para la inversión de las regalías en las regiones. Trabajó con el ministro Juan Carlos Echeverry desde el gobierno del expresidente Andrés Pastrana y llegó a la campaña Santos de la mano del actual ministro de Hacienda.
Bruce MacMaster
Fue viceministro de Hacienda de Juan Carlos Echeverry y ahora es el Director del Departamento Administrativo para la Prosperidad Social. Es el encargado dictar las directrices de las políticas sociales en áreas como Familias en Acción, Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y reparación de víctimas. Su amistad con Echeverry data de la Universidad de los Andes.
Juan Ricardo Ortega
Actual director de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) y en gran medida el responsable del aumento récord en el recaudo tributario. También trabajó con Echeverry en el Departamento Nacional de Planeación (DNP) en el gobierno Pastrana. Ha sido el encargado de confeccionar la reforma tributaria que presentará Echeverry ante el Congreso.
Mauricio Cárdenas
Piloto de la principal locomotora del presidente Juan Manuel Santos: la minería. Trabajó en el gobierno del expresidente Andrés Pastrana, como ministro de Transporte, mientras Echeverry lo hacía en DNP. El presupuesto que ingresa a la nación, por concepto de regalías de la explotación minera, es el principal músculo financiero que depende, en gran medida, del Ministerio de Hacienda.