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Las ocurrencias de Moisés

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El profesor Moisés Wasserman (El Tiempo, 17/03/2016) quiere recordar a los “conservacionistas” que la especie humana es la maravilla más extraordinaria de la naturaleza y en consecuencia debemos cuidarla.

Por: Pablo Leyva

Este razonamiento obvio es incongruente relacionarlo, como lo hace, con la lucha que se da en este momento por mantener la reserva Van der Hammen. ¿Qué pretende con esto? ¿Decir que es necesario urbanizar la reserva para proteger a los humanos? ¿Qué busca diciendo que “la reserva hoy no está bien”? ¿Que es mejor urbanizarla? ¿Qué quiere al decir “que generalmente hay más de una solución para cada problema”? Esto se le ha dicho al alcalde Enrique Peñalosa en múltiples ocasiones: hay otras alternativas para que ubique sus proyectos de construcción.

¿Cuál es el sentido de sostener que “dejar quieto” puede ser una buena estrategia de conservación en el Amazonas pero en la Sabana de Bogotá es la peor posible? ¿Quién ha dicho que la reserva Van der Hammen es para dejarla quieta? ¿Por qué trata peyorativamente de “conservacionistas” a los defensores de la reserva? ¿El profesor Wasserman busca que quienes defendemos la reserva y el bien común, “negociemos”, como diría el ministro de Medio Ambiente, para encontrar “una propuesta conjunta mejor”, que seguramente sería urbanizar con corredores de árboles, como el parque del Virrey?

Estos planteamientos son inaceptables en un académico informado, culto y conocedor de la necesidad de respetar límites en la transformación de los sistemas naturales, para asegurar la supervivencia humana, y de la urgencia de que los bogotanos y el ecosistema de la Sabana tengan suficientes áreas de esparcimiento e importantes reservas naturales. ¿No oyó el profesor Wasserman a Thomas van der Hammen en sus presentaciones? ¿Tampoco oye a los demás colegas de la Academia de Ciencias?

Si el profesor defiende la urbanización de la reserva, en lugar de su conservación, restauración y disfrute del “Homo sapiens bogotensis”, ¿por qué no lo sustenta con argumentos científicos, en vez de buscar, como lo hace en su artículo, subterfugios y ficciones dignas de una mala película hollywoodense.

Una opinión tan ligera y elemental es peligrosa. Es una carga de profundidad bien ubicada y oportuna para confundir al lector desprevenido, socavar así las posiciones de los defensores de la reserva y darles razón a los depredadores, urbanizadores y especuladores. Esto no es comprensible en un académico con todos los méritos y honores. No puede ser más que una ocurrencia, una tontería.

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