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¿Cómo hacían antes los periodistas para enviar sus informes? Fue la pregunta obligada que nos hicimos después de notar que en la sala de prensa del Soccer City, varias mesas de trabajo lucían despejadas, mas no las sillas porque varios, muchos, digitaban presurosos con sus pulgares sobre dispositivos tan pequeños, que parecían refundirse entre las manos.
De lograr comunicación telefónica, costosa por demás, para dictar los textos, se pasó a la máquina de escribir y sus ruidosos teclados, luego el télex resumió en parte el proceso, después con la aparición del computador se agilizaron en parte las transmisiones, pero no cesó el drama con el suspenso propio del fax, hasta que el portátil y la internet parecían ser el punto final de tanto sufrimiento.
Pero en Sudáfrica, destino exótico por naturaleza, la distancia resultó ser lo de menos a la hora de cubrir la pasada Copa del Mundo, cuyo trofeo aparentemente mide casi 37 centímetros y pesa poco más de seis kilos, pero en realidad se redujo al tamaño de un teléfono inteligente porque dentro de él se pudo encontrar todo lo que se necesitaba saber del torneo más importante del planeta.
Bastó tener un BlackBerry para no seguir el Mundial sino jugarlo porque cualquier artículo se escribía desde la libreta de notas y luego era cuestión de adjuntarlo al correo electrónico para enviarlo gracias a la conexión Wi-Fi. Nada extraordinario o distinto a lo que se podría hacer desde una laptop, pero el plus era que sin necesidad de marcar al destino para confirmar la recepción del texto, a través del sistema propio de mensajería instantánea, se pudieron además sugerir cambios y verlos en pantalla una vez eran montados en la página web del periódico.
Pero si de ser instantáneo se trataba, con la aplicación del Twitter se pudieron contar detalles en los estadios y fuera de ellos, como por ejemplo una charla a puro cigarrillo entre los ex futbolistas Diego Latorre y Enzo Francescoli en el entretiempo del Argentina-Nigeria y hasta por su discreto tamaño, la gente conoció lugares realmente reservados del torneo, como las zonas mixtas de los estadios, donde todos los protagonistas de cada partido desfilaron para un contacto con la prensa.
En ellas, más de un futbolista se hacía el distraído escribiendo en su BlackBerry para no responder interrogantes y seguir de largo. Pero al delantero uruguayo Luis Suárez le falló la estrategia porque un intrépido comunicador le pidió el pin a gritos, lo cual motivó la risa del auditorio y la pena del 9 celeste, quien no soltó el dato, pero sí su reacción después de instalar a su selección en octavos de final.
Y al igual que el atacante del Ajax, varios mundialistas twittearon sus experiencias, como el argentino Sergio ‘Kun’ Agüero que contó intimidades de la concentración albiceleste en Pretoria y hasta describió la tristeza en el vestuario después de la eliminación a manos de Alemania en cuartos.
Esos fueron apenas unos detalles que BlackBerry convirtió en noticia y ahora tras la experiencia sudafricana que terminó por confirmar que ante el avance tecnológico no hay táctica que valga, bien vale la pena cuestionarse sobre lo que nos esperará en materia tecnológica para Brasil 2014.