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Dicen que la política es el arte de lo imposible.
O dicho de otro modo, de hacer posible lo que el poder y el azar se han encargado de cubrir con el manto de la imposibilidad: un ministro de defensa que propinó durísimos golpes a la guerrilla más vieja del mundo, pero que, convertido en presidente y sin que nadie lo hubiese intuido, terminó iniciando con ella un nuevo proceso de paz…
Los ejemplos para demostrar la validez de esta afirmación sobrarían, pero ahora que la visita del presidente Obama a Cuba quedó gravada en los anales de la historia, también es pertinente recordar que el combate fatídico entre comunismo y capitalismo que se proclamó un día desde Washington y Moscú, terminó declinándose bajo Kruschev y Eisenhower en la coexistencia pacífica. Contra todos los pronósticos, y a pesar de la paranoia con la que se alimentó a la opinión pública de los EE.UU y de la URSS, la política internacional hizo posible lo que parecía imposible: dos sistemas completamente diferentes que renunciaban a expandirse a escala global y a aniquilarse a bombazos.
Un episodio de la vida de Abbás el Grande, sah de Irán en los siglos XVI y XVII y quizás el más eminente de los gobernantes de la dinastía safávida, me llevó a pensar que, más allá de lo que ocurre en la política contemporánea, ese ‘nunca digas nunca’ aplicado a los asuntos del ejercicio y la distribución del poder siempre ha gozado de mucha vigencia en la práctica política. Basado en una vieja profecía, el astrólogo de la corte de aquel rey sentenció que la conjunción de júpiter y saturno presagiaba la muerte inminente del soberano reinante, un hecho inevitable que incluso el poderoso Abbás no estaba en capacidad de transformar.
En el universo mental de los safávidas, contradecir una profecía implicaba una pérdida de legitimidad política. Abbás buscó una solución que no comprometiera el curso inexorable de los acontecimientos, pero que tampoco representara una amenaza directa a su reinado. Abdicó el trono en un miembro de otra dinastía que no poseía descendencia y, en el interím, se declaró guardián y protector del palacio del nuevo monarca. Después de un corto reinado de cuatro días, el nuevo monarca fue asesinado. La profecía se cumplió, pues un sultán murió mientras se efectuaba el alineamiento planetario, pero Abbás recuperó su trono y se mantuvo en la cúspide del poder hasta su muerte. Lo imposible hecho posible.
La política es el arte de pactar lo imposible, habría que agregar, pues los acuerdos que parecen irrealizables son, en realidad, los que resultan imprescindibles. El efecto de un conflicto prolongado y cruel, sumado al dispositivo publicitario para apoyar una salida militar, hicieron que durante muchos lustros la paz negociada se considerara como un proyecto irrealizable en Colombia. Sin embargo, el reto político que tenemos frente a nosotros, la única vía real de coexistir sin agredirnos y violentarnos, es llevando a la práctica cotidiana lo que para muchos parece algo imposible : negociar, perdonar y olvidar para crear un nuevo pacto de coexistencia.
Hacer hasta lo imposible para que las cosas resulten posibles no es sólo la esencia de la política: es también la única posibilidad real de construir una Colombia viable. Que la premura no nos haga perder esta valiosa oportunidad.