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El alud que hasta el momento deja ocho heridos, un desaparecido y cuatro casas destruidas no es la tragedia más grande del sector de Caracolí, al sur de Bogotá, sino una manifestación de las penurias que viven los desplazados en el país.
Caracolí es el nombre de un robusto árbol maderable que pulula en las riberas del Atrato, en el Chocó, y que abunda en regiones como Vigía del Fuerte y Bojayá, la misma en la que hace ocho años (el 2 de mayo de 2002) tuvo lugar la masacre de 119 personas con un cilindro bomba que las Farc lanzaron contra la iglesia del pueblo en combates contra los paramilitares por el control del estratégico río. Quienes conservaron su vida huyeron hacia ciudades intermedias y —dado que la violencia se empeñaba en perseguirlos— emprendieron la marcha por oleadas hacia Bogotá, en busca del protector anonimato de la urbe.
Con sus pies descalzos y sus ventas de pescado callejero se instalaron en el sur de la ciudad, lejos de su natal selva húmeda y aún más distantes de la ayuda estatal. Esa montaña arcillosa en la que ahora tienen su inestable hogar fue llamada Caracolí como tributo a sus tradiciones. Era, en principio, un barrio de negros, que de a poco se fue llenando de indígenas y mestizos debido a que el desplazamiento por el conflicto también tocó los Llanos, la Amazonia, el Caribe…
Sus casas de cartón y sin servicios públicos, a una hora del mayor centro de poder del país, fueron ejemplo de esa desigualdad que, según reconoció ayer Planeación Nacional, es una de las más grandes de América Latina. (ver Tema del día). Bogotá y Soacha se achacaban la responsabilidad: forma parte del municipio cundinamarqués, decían unos. Es un barrio más de la capital, se excusaban los otros.
Los misioneros de la Consolata, con el padre Gianfranco Testa, fueron los primeros en instalarse allí para ayudar. Acnur y la ONG chilena "Un techo para mi país" vinieron luego. Pero las amenazas de los ‘paras’ (supuestamente desmovilizados para la fecha) también resurgieron en 2006 y la gente aparecía muerta en las calles, como cuando estaban en Bojayá. Luego, vinieron los deslizamientos de tierras que son noticia hoy en los diarios.