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El caudillo americano

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Ahora que Donald Trump se comporta como un populista latinoamericano, se puede decir que la epidemia cruzó el Rio Grande y surgió la figura continental del caudillo americano.

Vengo insistiendo hace meses en Twitter y en esta columna que el precandidato republicano reune todas las características de los caudillos populistas latinoamericanos, más ahora que no circunscribe su retórica extremista a los temas económicos y ha abrazado el antiterrorismo con el mismo populismo. Trump es tan locuaz y ofensivo como Hugo Chávez, tan autoritario como Fujimori, tan nacionalista como Evo Morales, tan militarista como Pinochet, tan despectivo de la prensa como Rafael Correa, tan amigo de violar la ley como Somoza.

Aunque Trump tiene grandes diferencias ideológicas con algunos “hombres fuertes” latinos, el populismo y el autoritarismo caudillistas son ambidiestros. Fue tan caudillo Mussolini, cuyas poses imita Trump, como Fidel Castro, y tan populista y autoritario Fujimori como Ortega. Solo que el populista de derecha no apela a los odios de clase, sino contra los inmigrantes, o la guerrilla, o el comunismo, o los políticos, y al necesitar el apoyo de las clases dirigentes lleva el gobierno como describió Aristóteles: “apoyado en las multitudes, pero ejercido en favor de intereses particulares”. Los populistas se alimentan de cualquier ideología siempre y cuando sea extremista, pues es eso lo que los conecta con los grupos sociales afectados por la rabia y el odio. Aunque en América Latina se ha tendido a calificar los caudillos de derecha como dictadores, diferenciándolos de los de izquierda que se denominan populistas, la realidad es que el caudillo tiende a ser tan autoritario como populista. Aún los contemporáneos, que llegan al poder y lo mantienen con apoyo popular, pero en él tienden hacia el autoritarismo.

La revista Politico, la más importante de Estados Unidos en materia política, descubrió finalmente el parecido de Trump con los caudillos latinoamericanos. La semana pasada publicó dos artículos sobre el tema. Uno titulado “Trump tuitea como un hombre fuerte latinoamericano” (http://politi.co/1RnvHxu) y otro “Pinochet. Chávez. ¿Trump?” (http://politi.co/21NIb4e). El primero señala que Trump cabe en el modelo de populistas postfacistas, líderes que promueven democracias autoritarias caracterizadas en parte por la falta de mediación entre el líder y la población. Agrega que aunque el uso que hace Trump de Twitter contra peridodistas y oponentes políticos es aterrador, sus seguidores caen en la red. El segundo artículo sostiene que Trump muestra las características del caudillo: culto a la personalidad, rabia contra la élite, machismo, desprecio por las reglas. Que una razón para explicar el fenómeno es que el populismo es producto de la inequidad. Y destaca que otro ingrediente común entre Trump y el caudillo típico es su habilidad para reunir una coalición multiclasista, movilizando apoyo que supera posiciones tradicionales de izquierda y derecha.

Trump sirve para mirarnos en el espejo y descubrir las manifestaciones populistas que explican la política colombiana de este siglo.

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