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El crimen de la guerra contra las drogas

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John Ehrlichman fue uno de los asesores de confianza del presidente Richard Nixon.

Hacía parte del denominado “Muro de Berlín”, la última y más fiel línea de defensa de las políticas del republicano. Era, además, su asesor principal para la política nacional, y quien decidió vigilar a los adversarios políticos de la Casa Blanca para proteger a Nixon. Ocurrió entonces que un equipo de fontaneros fue capturado mientras espiaba las oficinas demócratas del hotel Watergate. El escándalo alcanzó tales dimensiones, que el propio Nixon tuvo que dimitir, convirtiéndose así en el único presidente de ese país en renunciar a su cargo. No fue el único damnificado: Ehrlichman cumplió una sentencia de 18 meses de cárcel por perjurio y obstrucción a la justicia.

Recuerdo este conocido episodio porque Ehrlichman, por largo tiempo olvidado de los titulares -murió en 1999- ha vuelto a ser noticia. En un reciente reportaje sobre la fracasada guerra contra las drogas publicado por la revista Harper’s, el periodista Dan Baum recuerda una entrevista que, en 1994, hizo a Ehrlichman. En ella, cuenta Baum, el ex asesor de Nixon le dijo: “La campaña de 1968 y la Casa Blanca de Nixon tenía dos enemigos: la izquierda que se oponía a la guerra y los negros. Sabíamos que no podíamos convertir en delito estar en contra de la guerra o haber nacido negro, así que la mejor estrategia era hacer que el público asociara a los hippies con la marihuana y a los negros con la heroína, y luego criminalizar drásticamente ambas cosas. La idea era arrestar a los líderes, allanas sus casas, acabar sus reuniones, vilipendiarlos cada noche en los noticieros. ¿Sabíamos que mentíamos acerca de las drogas? Claro que sí”.

La mentira empezó a decirse públicamente el 17 de junio de 1971. Fue la primera vez que Nixon usó la expresión “Guerra contra las drogas”. Luego añadiría más mentiras: “El abuso de las drogas es el enemigo número uno de Estados Unidos”, y luego, obediente a las maneras políticas de su país, involucró al mundo en su guerra contras las drogas. Fue también obra de Nixon, y de su asesor Ehrlichman, la creación de la DEA en 1973, y con ella la promesa de “Un mundo libre de drogas”, sin duda la mentira y el engaño más grande de toda esta historia criminal. Es cierto, sin embargo, que la prohibición sobre ciertos estupefacientes no empezó en épocas de Nixon. De hecho, en 1914 el Congreso de Estados Unidos prohibió la cocaína, la heroína y las drogas relacionadas. Luego, en 1937, fue el turno de la marihuana. Pero fue solo hasta Nixon, cuando las autoridades pusieron como prioridad el combate contra las drogas, consumidores, vendedores, intermediarios. Todos. Desde entonces, el mundo ha repetido una y otra vez el fracasado experimento prohibicionista.

Pero las cosas están cambiando. En Colombia, el presidente Santos ha dicho que la guerra contras las drogas es como pedalear en una bicicleta estática: se esfuerza mucho, se avanza nada. Otros países, dejando atrás el pánico de desafiar a Estados Unidos, se han lanzado a otros experimentos: Uruguay legalizó toda la cadena de producción de la marihuana, Portugal en 2001 descriminalizó el consumo de heroína, cocaína y marihuana con sorprendentes resultados. El consumo bajó de 7,6 a 6,8 por cada 1000 habitantes. Y claro, el caso de Estados Unidos, padre de la prohibición, que tiene 23 Estados y el Distrito de Columbia que ya permiten la marihuana medicinal, y 4 que aceptaron su uso recreativo. Hay otros ejemplos.

Tendremos que reconocer, y ya estamos tarde para ello, que la guerra contra las drogas ha sido un fracaso. Que aquella guerra no solo no ha reducido la producción y el consumo, sino que ha matado más gente que la adicción misma. Ya eso, de entrada, nos pone de presente un problema moral muy serio. Pero también tendremos que aceptar que no habrá, mañana ni nunca, un “mundo libre de drogas”, y que en ese sentido toda solución posible para enfrentar el problema de las drogas siempre será parcial, incompleta, con múltiples fallas. Lo único definitivo lo dijo Ehrlichman en aquella entrevista que hoy se recuerda: se usó la “guerra contra las drogas” para perseguir a los opositores políticos de Richard Nixon, el presidente más tramposo en la historia de Estados Unidos. Y eso no es poco.

@espinosaradio
 

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