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La desconfianza sigue ahí. Para las Farc, porque empiezan a adolecer de una porosidad frente a la Fuerza Pública. Para el Gobierno, por recelar de una guerrilla de cuya lista de 70 “canjeables”, 26 murieron en cautiverio, 19 fueron rescatados, siete lograron escaparse y tan sólo 18 fueron liberados. Así debe comprenderse la importancia de la función del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), del gobierno brasileño y de la plataforma CCP, encabezada por Piedad Córdoba.
En el trasfondo reposa una práctica de la “negociación como regateo” (bargaining game) en la cual, pudiera presumirse, hay un intercambio de concesiones que resultan mutuamente aceptables para las Farc y el Gobierno. Junto al fin efectivo del secuestro extorsivo y la posterior liberación de los cautivos que debieran garantizar las Farc, el Gobierno debería asegurar la verificación de las condiciones carcelarias que reivindican los reclusos guerrilleros y disponer de una hoja de ruta respecto de cómo tratar el propio alcance y sentido del conflicto armado pensando en su superación.
Al tenor de este punto de encuentro bidireccional, sobre las Farc recaería la responsabilidad de informar con detalle cuál es el número real de personas en cautiverio, hasta el momento desconocido, pues la disposición de una información completa y veraz es una condictio sine qua non en la gestión de este tipo de intercambios negociados. Como diría el reputado experto en resolución de conflictos, Fernando Harto, en este tipo de negociaciones “el repertorio de tácticas puede ir desde el palo y la zanahoria hasta la alternancia de posiciones duras y blandas en el intercambio de concesiones”, si bien un exceso de “tacticismo” puede igualmente llevar a un punto infructuoso.
Dada la situación política, económica y social que presenta Colombia aparte de las lógicas internas adquiridas por el propio conflicto en los últimos años y la coyuntura internacional, no resultaría impensable, ni mucho menos, aspirar a un escenario proclive de negociación en un mediano plazo. Tanto las Farc como el Gobierno tienen multitud de concesiones con qué negociar, aun cuando el eje de fuerzas ha mejorado ostensiblemente a favor del segundo. Todo depende de cómo se consigan desarrollar unos intercambios cooperativos que hoy por hoy, a diferencia de los años de la administración Uribe, resultan más factibles de realizar en aras de una paz que, antes que tarde, llegará definitivamente a Colombia.
* Investigador en Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad Complutense de Madrid y profesor de Periodismo en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España.