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Homofobia en las fuerzas

En una entrevista publicada por este diario el pasado domingo, Cecilia Orozco indaga las razones por las que Sandra Mora, hoy reintegrada a la Policía, fue expulsada de la institución hace once años.

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La explicación que figuraba en los archivos de la Policía lo clasificaba como un caso corriente de corrupción: los nexos demasiado repetidos con el narcotráfico o el paramilitarismo que azotan a la Fuerza Pública. El verdadero motivo —así lo dijo un juez y lo confirmó un Tribunal—, lejos de todo crimen estipulado en el derecho colombiano, fue el ejercicio pleno de una libertad: su condición homosexual.

¡Y qué eficacia para castigarla! No pasaron siete meses desde que el entonces coronel Mario Gutiérrez Jiménez supiera de esta noticia, para que convocara una Junta Asesora de Generales y echaran a la calle, con pretextos falsos, a esta teniente. No se trata solamente de que no haya podido ejercer plenamente su preferencia sexual, como es debido, sino que tuvo que enfrentar un verdadero calvario: sus hermanos no pudieron ingresar a la institución, debió cargar con la cruz de estar relacionada con las mafias delincuentes de este país, quedó además desempleada. ¿Qué puede llevar a miembros de la Fuerza Pública a realizar semejante complot? La homofobia, que en este país reina.

Porque no sólo les fue suficiente prohibir lo no prohibido al mandarla a terminar su relación afectiva con otra mujer, sino que fueron mucho más lejos como represalia, al punto de inventar una ilusión y perpetrar así una conducta doblemente reprochable. La justicia llegó, sí, pero con once años de retraso. Once años de discriminación y condena. Y es apenas lógico pensar que casos como éste deben reproducirse a diario en las fuerzas sin que nos demos cuenta. Para la muestra está el caso del oficial William Viasus, quien asegura que lo “sacaron de la Policía por ser gay” a finales del año pasado. Inconcebible. El oficial quiso hacerle frente a la mojigatería que según él existe en la Fuerza Pública, ya que, contrario a muchos otros, confesó su condición en vez de ocultarla como hacen algunos, formando familias y saliendo con mujeres. ¿Qué le hace más daño a la sociedad? ¿Un homosexual confeso que quiere estar tranquilamente con otro, o uno que lo oculte teniendo hijos con una mujer?

Hay una tendencia de los países para eliminar esta discriminación. El presidente de EE.UU., Barack Obama, eliminó la legendaria y reprochable política que existía en las filas estadounidenses, llamada “no preguntes, no cuentes” (don’t ask don’t tell), que ponía un manto de hipocresía en la fuerza: mientras no se sepa, todo está bien. En Colombia también: ya se restableció el derecho de la teniente Sandra Mora, fue reintegrada a la fuerza, y deben pagársele todos los salarios no ganados durante estos once años.

Sin embargo, a pesar de avanzar, lo hace a pasos muy lentos. La sociedad, que no es capaz de reconocer la diferencia, les pone muchos frenos a estos derechos de la población LGBTI, basándose más que todo en argumentos fácilmente desvirtuables. Es el caso, por ejemplo, de la sentencia de la Corte sobre el matrimonio gay que exhorta al Congreso a legislar sobre la base de la igualdad entre parejas del mismo o distintos sexos y a crear para ellos una figura equivalente al matrimonio. El Partido Conservador le sale al paso con una propuesta de consulta popular para que sea la sociedad quien decida si esto es correcto o no. Es decir, hacer lo impensable: someter a votación mayoritaria un asunto que beneficia a las minorías.

Casos como el de la teniente Sandra Mora o el oficial William Viasus son apenas la punta del iceberg. Muchos otros se multiplican en el día a día sin que se tenga noticia de ellos. Cosas injustas, como urdir una mentira que involucre al individuo con criminales perseguidos en Colombia, atentando además contra el buen nombre y la honra, se dan porque aún no podemos entender que las personas tienen un gusto diferente al del resto. Mientras tanto, es muy probable que esos pasos de gigante que toma el derecho se vean cortados en las relaciones de la sociedad misma.

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