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En el último siglo, han surgido numerosos testimonios de personas que afirman haber encontrado una supuesta forma de “comunicarse” con sus animales de compañía mediante la llamada, y controvertida, comunicación interespecie. Esta sostiene que los seres humanos pueden conectarse “telepáticamente” con diversas especies, logrando así percibir lo que sienten y piensan.
Quienes se dedican a esta práctica, conocidos como comunicadores interespecies, intérpretes de animales o médiums, no se basan en gestos ni sonidos visibles, sino en una forma de “conexión telepática e intuitiva” que, según ellos, les permitiría acceder al mundo interno de la mascota, interpretando así sus emociones y pensamientos para compartirlos con su tutor. De esta forma, un perro o un gato podría “expresar” malestares físicos, sentimientos de angustia o su estado de ánimo, incluso si ya ha fallecido o está extraviado.
La comunicación interespecie ha alcanzado tanta relevancia que incluso algunas figuras públicas han acudido a estas sesiones. Según La Nación, el presidente de Argentina, Javier Milei, habría contactado telepáticamente con sus cuatro mastines ingleses a través de la médica veterinaria Celia Melamed, quien también actuó como médium entre Milei y su perro fallecido, Conan.
Esta práctica ha generado un intenso debate entre expertos y amantes de los animales, dividiendo la opinión pública entre quienes la respaldan y quienes la califican como pseudociencia sin fundamento. Pero, para entender su verdadero impacto, es importante conocer a fondo en qué consiste y cómo se desarrolla cada sesión.
¿Cómo funciona la comunicación interespecie?
Daniela Camino, una reconocida comunicadora con más de 20 años de experiencia y con una escuela para formarse profesionalmente como comunicador, explica que estas sesiones empiezan solicitando información básica sobre el animal, como su foto, nombre, edad y el contexto de por qué su tutor desea “hablar” con él.
Camino describe el proceso como una “sintonización” con la energía del animal, a través de la cual comienzan a aparecer imágenes, sensaciones, colores y olores, que utiliza para interpretar las posibles necesidades emocionales y físicas del animal. “Voy sintiendo el vínculo sutil entre mi persona y la energía del animal que está en esa fotografía (…) siento esa conexión y así, con los ojos cerrados, me empiezan a llegar imágenes”, a partir de esas sensaciones, es que Camino “interpreta” el sentir de la mascota en cuestión.
Aunque los comunicadores como Camino y Penélope Smith, que escribió el código ético para comunicadores, subrayan que no pretenden reemplazar el diagnóstico veterinario, muchas personas buscan la comunicación interespecie como una alternativa o complemento a los cuidados veterinarios tradicionales. “La comunicación interespecie no intenta quitarle el lugar al veterinario. No se trata de eso, para nada (…) Yo no soy veterinaria ni pretendo serlo, tengo algunos alumnos que sí lo son”, aclara Camino.
Y es que, aunque parezca contradictorio, muchos profesionales veterinarios rescatan de la comunicación interespecie una forma holística de entender a los animales. María Corredor Londoño, presidenta de la Asociación Colombiana e Iberoamericana para la Ciencia del Bienestar Animal, destaca que, aunque la medicina convencional debe ser la primera línea de atención para los animales, algunas prácticas alternativas pueden tener un valor complementario en términos de bienestar emocional y atención al animal: “algo que me llama la atención es que muchos métodos alternativos tienen un enfoque holístico, considerando tanto el bienestar físico como el mental de los animales”.
En palabras de Corredor, esas sesiones de comunicación interespecie algunas veces son “efectivas” no porque se esté sanando algo o se esté descubriendo un síntoma de un animal, sino porque se le está prestando atención al bienestar del animal y se está tratando de mejorar el entorno en el que este habita.
Sin embargo, esto no elimina las preocupaciones de los expertos en torno a los riesgos de esta práctica. Pues hoy en día, basta con hacer una simple búsqueda por internet para darse cuenta del gran auge y lo atractivo que puede ser para los amantes de los animales: se ven escuelas, cursos, talleres y la presencia en medios masivos de comunicadores que invitan a las personas a “escuchar” lo que sus mascotas les quieren decir. Entonces, lo que, a primera vista, parece ser una forma inofensiva de tratar de entender emocionalmente a las mascotas; pronto podría revelar algunos riesgos potenciales en el hecho de que se hagan diagnósticos o tratamientos basados en lo que le “exprese” un animal a un comunicador.
Impacto en el bienestar de los animales
El Consejo Profesional de Medicina Veterinaria y Zootecnia (Comvezcol) se ha pronunciado respecto a este tipo de prácticas pseudocientíficas, aclarando que, como se señala en el artículo 13 de la Ley 73 del 85 y el artículo 16 de la Ley 5 de 36 del 2000, el ejercicio de la medicina veterinaria debe basarse en conocimientos técnicos y científicos, descartando así el uso profesional de la comunicación interespecie y otros métodos que no tienen ningún respaldo científico y que se basan en conceptos ambiguos como la telepatía y la intuición.
“Como la ley lo especifica, los médicos veterinarios deben utilizar únicamente los medios diagnósticos, preventivos, terapéuticos y procedimientos que estén técnicamente aceptados y reconocidos”, argumenta Edgar Gutiérrez, colaborador del Tribunal Nacional de Ética Profesional y vocero del Consejo. También, añade que este tipo de prácticas pueden ser perjudiciales para los animales, pues la intuición promovida en estas no asegura diagnósticos precisos y puede retrasar el tiempo para un tratamiento adecuado. “Permitir que se hagan diagnósticos basados en la comunicación interespecie puede ser perjudicial. Los animales que requieren atención médica pueden no recibir el tratamiento adecuado a tiempo si sus problemas se basan únicamente en interpretaciones no científicas”.
Lo que más preocupa a Comvezcol, que es el organismo regulatorio del ejercicio veterinario en Colombia, es el hecho de que personas que no son profesionales diagnostiquen con alguna dolencia física o emocional a un animal, sabiendo que hoy en día las ciencias veterinarias ya tienen respuestas objetivas y comprobadas.
Otro punto crítico en torno a la comunicación interespecie es la antropomorfización, que es la tendencia a atribuir características humanas a los animales, esto lleva a que el comportamiento de una mascota se interprete desde un enfoque netamente humano, ignorando su naturaleza y comunicación genuina. Juan Pablo Páez, director de Cultura Canina y psicólogo especializado en comportamiento animal, explica que, “cuando un comunicador dice que ‘habla’ con los animales, cae en un antropomorfismo, pues los animales no se comunican como nosotros; tienen sus propias formas, como el lenguaje corporal o vocalizaciones específicas”.
Si bien algunos expertos, incluido Páez, reconocen que la antropomorfización ha sensibilizado a la sociedad sobre la importancia del bienestar animal y la empatía, es un error pensar que los animales sienten y piensan como los humanos. “Es positivo que valoremos a los animales como seres sintientes, pero debemos respetar su naturaleza y entender que sus formas de comunicación son distintas a las nuestras”, agrega.
La propia antropomorfización es una de las causas por las que muchos tutores acuden a métodos alternativos y esotéricos para “empatizar” más con sus mascotas y tratar de entenderlas mejor. Sin embargo, cabe destacar que este tipo de opciones pseudocientíficas, si es que un tutor decide creer en ellas y decide llevar a su animal de compañía, deben ser consideradas como un complemento a los cuidados recomendados por un profesional.
Si alguien elige la comunicación interespecie como un recurso espiritual para “conectar” con la mascota debería tener claro que esta no debe ser considerada como un medio efectivo para diagnosticar o tratar un padecimiento de su mascota, no debe afectar el tiempo de acción y debe hacerse con responsabilidad y plena conciencia de la falta de respaldo científico y objetividad. La salud de los animales siempre debe ser la prioridad y cualquier práctica que haga no debe poner en riesgo su bienestar real.
(Desde La Red Zoocial no recomendamos este tipo de prácticas, sin respaldo científico, para tratar algún padecimiento, dolencia, afectación o comportamiento de su animal de compañía. Recurrir a este tipo de prácticas puede poner en riesgo la salud o bienestar de su mascota, y retrasar el tratamiento adecuado. Infórmese y recurra siempre a un profesional certificado).
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