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Por qué no voy a La Habana

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Han sugerido mi nombre para la comisión afro que hablará con los negociadores de paz. Quiero ayudar a descartar esa sugerencia.

Resumiendo: 1) no creo en lo mucho que se espera de la reunión, y 2) para lo ‘poco’ que considero conveniente, básicamente no sirvo ni tengo credenciales. Además, no quisiera salir como Jackson Martínez en la foto de su traspaso al fútbol de China: con cara de aburrido en medio de gente feliz.

Lo mucho es creer que la mesa de La Habana tiene que ver con el bienestar general de la población negra, como si la paz viniera con ‘justicia social’. Lo ‘poco’, que no es tal, sería conseguir ciertas garantías para los territorios colectivos en el posconflicto.

Tiene sentido plantearle directamente a la mesa cómo las zonas de concentración de las Farc deben respetar particularidades de esos territorios, donde sean inevitables aquellas zonas, y cómo controlar el ‘cambio de brazalete’ con el ELN o la incursión de otros grupos armados ilegales dedicados al narcotráfico, por ejemplo.

Y estos son asuntos que deben plantear los líderes que representan legítimamente a esas comunidades rurales víctimas. Y no necesariamente cualquiera de los 236 delegados! del Espacio Nacional de Consulta Previa que el Ministerio del Interior intentará, otra vez, poner a funcionar este fin de mes en Girardot. Ni se diga de quienes tenemos cero kilometraje en lancha.

Los líderes genuinos de las comunidades rurales pueden atestiguar que la guerra en Colombia no ha tenido un componente racial, sino territorial. Las Farc no mataron a Genaro García en Tumaco por negro, sino porque les estorbaba (y no debería ponerse una zona de ubicación en el lugar de ese asesinato).

También es cierto que hay comunidades afro afines a las Farc, y Marcha Patriótica las ha llevado en bus a Bogotá. Pasado mañana, cuando se firme la negociación, tal simpatía será bienvenida en democracia. Pero, si no ha habido un componente étnico-racial en la guerra, ¿por qué tendríamos que meterlo en la paz?

El gobierno se ha resistido a esto, con razón, y la presencia de Nigeria Rentería en la comisión gubernamental en La Habana muestra que más allá de la representación simbólica es muy complicado volver sustantivo lo racial en nuestra sociedad. No se puede negar que Nigeria fue una inclusión afro en la paz, y que cumplió un rol general.

Sin embargo, el gobierno no ha tenido el valor de explicar que la sobrerrepresentación de la población negra entre las víctimas de los paramilitares y las Farc se ha debido a su ubicación geográfica, no a su color de piel o diferencia cultural. De hecho, en los grupos armados irregulares, victimarios, ha habido bastantes co-raciales (como el ‘Negro Acacio’).

Además, se olvida que la gran mayoría de la población negra vive en ciudades y cabeceras urbanas. Y los acuerdos de La Habana conciernen sobre todo al mundo rural, como las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz, las Zonas de Reserva Campesina o el Fondo de Tierras. Sin duda, habrá que hacer seguimiento a cómo afectan estas medidas en su implementación los territorios de población afro rural (y no hay tiempo para devolverse a revisar lo acordado), pero el bienestar de la mayoría no depende del cumplimiento de las promesas del acuerdo de paz.

Depende de los factores de siempre: las instituciones, las políticas públicas, la administración, la política, la corrupción, la participación, los recursos fiscales, la productividad, los mercados. Bueno, en realidad el bienestar de la población rural también depende de lo mismo. Y creer que de La Habana vendrá el cambio de estos factores es esperar demasiado. Una ilusión que raya en la pérdida de tiempo, a mi juicio. @DanielMeraV
 

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