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Antisemitismo resurgente

Marcos Peckel
15 de marzo de 2016 – 11:41 p. m.

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Carlos Ómar Peralta se levantó un día en su ciudad de residencia, Paysandú, Uruguay, tomó un cuchillo y salió a la calle a buscar a un judío para matar. David Fremd, dirigente de la pequeña comunidad judía local, caminaba por la calle cuando fue brutalmente atacado a cuchillo por Peralta, alias Abdula Omar, nombre que adoptó tras convertirse al Islam años atrás. Emulando los ataques que a diario ocurren en Israel contra judíos por parte de palestinos indoctrinados, Peralta logró su cometido: Al grito de “Allah Akbar” mató a su víctima.

En nuestro país, un columnista de un portal deportivo de amplia difusión no encontró otra forma de atacar al entrenador de Millonarios, Rubén Israel, que haciendo alusión a su origen judío y a su apellido para lanzar una diatriba salpicada de odio y mentiras. Y así una larga serie de incidentes, comentarios difamatorios en redes sociales y ataques a instituciones y personalidades judías ocurren a diario en este resurgir global del antisemitismo con distintas caretas y diversos disfraces.

Israel, el Estado judío, se ha convertido en objetivo de una campaña sin cuartel por parte de antisemitas de todos los pelambres, comenzando por amplios sectores de la izquierda, siempre hipócritas frente a la cuestión judía e Israel, con su rabioso “antisionismo” que busca ser un antisemitismo políticamente correcto. El derecho a la autodeterminación nacional es sacrosanto para todos los pueblos del mundo, excepto para el pueblo judío.

Organismos como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU (CDH), obsesionados con Israel, promueven el antisemitismo a través de acusaciones espurias y condenas periódicas, ignorando convenientemente la barbarie que azota a varios lugares del planeta. Para el CDH, la izquierda y sus áulicos, existen el “terrorismo bueno”, asesinar civiles judíos en Israel, y el “terrorismo malo”.

Organizaciones que promueven el boicot a Israel no son más que fachada de antisemitas e “idiotas útiles”. Sus militantes no pueden ocultar “la sangre en los ojos” cuando se paran con una pancarta en la calle, así como los nazis promovían el boicot a negocios judíos. Sus consignas son extraídas de esa “biblia” del antisemitismo que es “Los protocolos de los sabios de Sion”. No buscan promover los derechos legítimos del pueblo palestino, por el que no tienen interés alguno, sino demonizar a Israel.

El antisemitismo, que ha demostrado una capacidad única de reinventarse a través de la historia, en últimas termina haciéndoles inmenso daño a las sociedades en las que se incuba y enquista. Venezuela, donde existió un virulento antisemitismo de Estado en los años de Chávez, perdió tres cuartas partes de su comunidad judía, un capital humano irreemplazable. Algo similar ocurrió en la Unión Soviética, de la cual emigraron centenares de miles de judíos y a quienes Putin está invitando a regresar. España, quinientos años después de la inquisición y expulsión de los judíos, quiere a sus descendientes de vuelta.

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