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Según un informe del Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades (ECDC), las pruebas de detección de enfermedades infecciosas que se realizan en los aeropuertos no están siendo eficaces para la prevención o retraso de la transmisión de epidemias anteriores, tales como la gripe o el dengue, por lo que se aconseja empezar a implementarlas ahora.
El ECDC considera que es un error tomar esta medida ya que los resultados son escasos y la implementación requiere de una gran inversión.
“Los controles en los aeropuertos europeos tienen un rendimiento extremadamente bajo y representa una elevada inversión que sólo puede contribuir de forma limitada a la prevención de la importación de la enfermedad».
El informe del ECDC explica que es más útil realizar controles en el origen que al llegar al destino, ya que es muy poco probable que los síntomas lleguen a desarrollarse en tan pocas horas, al menos seis, en las que el posible afectado estaría volando desde los países contagiados hasta la Unión Europea. Los controles tendrían sentido en cuanto el vuelo dure más de 12 horas, donde el pasajero aborde en buenas condiciones y al aterrizar posea fiebre o algún otro síntoma.
La agencia recuerda que en los aeropuertos en los que se están realizando los controles con ayuda del Gobierno de EE.UU., 36.000 controles se han hecho, en los cuales ha habido 77 falsos positivos de los cuales ninguno estaba infectado con ébola, mientras que el ciudadano libanés que murió en Dallas logró viajar sin problema.
Como ejemplo se muestra al SARS (Síndrome respiratorio agudo severo), por el cual en Australia se hicieron 1,8 millones de controles en los que se detectaron cuatro falsos positivos y se dejaron pasar 25 casos posibles.
La publicación del Centro incluye detalles técnicos tales como el importante margen de error de los termómetros infrarrojos, que habla de hasta un 25% de falsos positivos y un 20% de enfermos que escaparían de la detención; estos últimos podrían portar el virus sin sintomatología o tomar antitérmicos para ocultar la fiebre.
También existiría la posibilidad de que entre los tantos falsos positivos se destacaría un enfermo sin ébola que desataría la alarma y obligaría a realizar múltiples exámenes del virus, haciendo colapsar a los laboratorios.