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En tiempos en que el cambio climático dejó de ser una preocupación de un grupo reducido de ambientalistas y pasó a los primeros lugares de las agendas de gobiernos y entidades, todo es reciclable: pilas de teléfonos celulares, cables de computador, latas de gaseosa. En el mundo de la reutilización nada se desecha, ni siquiera el pavimento.
La Unidad de Mantenimiento Vial (UMV) viene aplicando una técnica llamada fresado estabilizado o pavimento en frío para corredores hechos de tierra en ciertos barrios donde la pavimentación, en pleno siglo XXI, nunca había llegado. El procedimiento es el siguiente: el Instituto de Desarrollo Urbano, o algún otro contratista, levanta el asfalto de una calle, como la 26 (para mencionar una vía de moda), e instala una nueva carpeta de este material. El desecho es adquirido por la UMV, que lo mezcla con una emulsión y lo aplica en una vía, además de una sobrecarpeta de pavimento caliente.
El resultado, según Javier Umbacía, subdirector técnico de la Unidad, es una calle cuyo mantenimiento cuesta la mitad (entre $15 y $20 millones) del precio normal y que tiene una duración de entre cinco y seis años; una vía a la que se ha aplicado el asfalto caliente (el que es usado comúnmente) dura entre 10 y 20 años. Debido a su perdurabilidad, el fresado estabilizado sólo se usa en corredores con una movilidad baja, para evitar un desgaste acelerado, según Umbacía.
Actualmente, la UMV emplea esta técnica en tres frentes de obra en Engativá, cinco en Bosa y uno en Usme. En los últimos tres años, la Unidad ha intervenido con fresado estabilizado 2.750 cuadras en toda la ciudad, lo que equivale a 164 kilómetros. Según el ingeniero Umbacía, otras ventajas de este tipo de pavimento son la reducción de material particulado en los corredores intervenidos y la disminución de escombros producidos por las obras.