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“Históricamente, desde las Leyes de Indias, la ciudad fue edificada dándole la espalda a los cerros y las quebradas que nacen en ellos: allá iban las basuras y las aguas negras y nos olvidábamos de ellas”. Mauricio Rico, director de proyectos de Corposéptima, es una de las personas que desde hace años le apuestan a la recuperación de las quebradas de Chapinero, la localidad que concentra cerca del 20% de los riachuelos que hay en la ciudad, para revertir la tendencia histórica y así rehabilitar estos ecosistemas para el disfrute de la ciudad y el mejoramiento de la calidad de vida de los barrios que viven en sus rondas.
Sin embargo, la iniciativa no nació exclusivamente del trabajo de Corposéptima, sino de los mismos habitantes de la localidad, quienes votaron para que la recuperación de las quebradas fuera una de las tareas primordiales en el Plan de Desarrollo Local 2009-2012. En una ciudad obsesionada con tapar huecos y poner un policía en cada esquina, los vecinos de Chapinero eligieron rescatar el medio ambiente.
Para este proyecto, la alcaldía local destinó casi $2.500 millones, que deberán invertirse en los siguientes cuatro años, recursos que serán destinados para los estudios y diagnósticos que permitan recuperar al menos una quebrada. “La cifra no es despreciable, si se tiene en cuenta que esta representa casi el 10% del presupuesto anual de toda la localidad”, asegura Blanca Inés Durán, alcaldesa local, quien añade: “Este proyecto es aún más importante porque nace de la preocupación de las comunidades que viven al lado de las quebradas. Sin la participación ciudadana es imposible recuperar las quebradas”.
La idea es que, con los resultados a la vista, la empresa privada y otros sectores se vinculen al rescate de las quebradas, algo que ya ha sucedido con la Cámara de Comercio de Bogotá, que aporta $250 millones, la Secretaría de Ambiente, $130 millones, y Conservación Internacional, que pone otros $149 millones.
Para Rico, las quebradas son vitales para el equilibrio ecológico del gran sistema compuesto por los páramos de Chingaza y Sumapaz, la cuenca alta del río Bogotá y los mismos cerros orientales; los riachuelos que nacen en Chapinero producen entre 200 y 500 litros por segundo de agua.