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El sector del 20 de Julio, más conocido como del Divino Niño Jesús, donde domingo a domingo desfilan miles de feligreses, es el punto de tensión entre las directivas de Transmilenio y sus habitantes. Esta vez no se trata de reclamos por atrasos en obras o tarifas ni por incumplimientos o divergencias políticas. Ahora el tema que los enfrenta es tan elemental y delicado como el nombre que se le ha de poner al portal de ese sistema de transporte que ahí se construye.
La discusión es que la empresa de Transmilenio planea llamarlo “Portal 20 de Julio”, mientras que los residentes del sector quieren que se llame “Portal del Divino Niño Jesús”. El asunto parece menor, pero empieza a tomar otras proporciones cuando sigue en aumento el número de firmantes de un acta que pide a las autoridades distritales que se les tenga en cuenta a la hora de definir el nombre de la estación que estará en esa zona. Ya son más de 10.000.
Este rincón de Bogotá, por donde antiguamente se salía a Villavicencio, es un lugar con una poderosa influencia de la Congregación de Salesianos. Uno de sus mayores atractivos es la iglesia del Divino Niño, a la que acuden miles de creyentes a pedir favores, llevar ofrendas y entonar rezos.
La comunidad salesiana fue fundada por Juan Bosco en diciembre de 1859 en Turín, Italia. La misión de esta agrupación religiosa ha sido la atención educativa de jóvenes y niños de los estratos más vulnerables.
El desarrollo y la construcción de la localidad de San Cristóbal, a la cual pertenece este espacio, está ligada a la experiencia de la comunidad salesiana en Bogotá. En la segunda década del siglo XX, la ciudad empezaba a crecer vertiginosamente. La construcción de zonas industriales rodeadas de barrios obreros forman parte de su pasado.
En 1925, los enormes potreros de lo que había sido una hacienda del suroriente de Bogotá fueron comprados por la sociedad salesiana con el fin de construir espacios recreativos para los niños del colegio salesiano León XIII. Tres años después se inauguró el lugar con el nombre de Campo San José. Poco a poco, los húmedos potreros y sembrados fueron convertidos en ocho canchas de fútbol, amplios jardines florecidos y parques donde se liberaba el espíritu de los estudiantes del colegio.
En 1934 llegó al colegio el padre Juan del Rizzo, una de las figuras emblemáticas de esta sociedad en Bogotá, quien pregonaba su devoción al Niño de Praga, una tradición que funde sus raíces en la España de principios del siglo XVII y de la cual se desprendió la creencia del Divino Niño Jesús.
Con el Triunfo de Olaya Herrera —1930— empezó la Hegemonía Liberal, que duró 16 años. Mientras tanto, el padre Rizzo mandó a buscar una estatua con la que se materializaba la creencia en el hijo de María.
En principio, al centro religioso se acercaron campesinos y obreros de los barrios aledaños, pero con el tiempo el rumor del niño milagroso fue atrayendo a creyentes de todos los rincones de la ciudad. La romería crecía de manera desbordada y las instalaciones del Oratorio se hacían cada vez más pequeñas para recibir a los fieles. El 19 de marzo de 1937 se bendijo la primera piedra de lo que pronto se convertiría en el santuario más milagroso de la capital.
Para este entonces, las líneas férreas del tranvía llegaban hasta el barrio Las Cruces, pero la afluencia de gente crecía y crecía al ritmo de los milagros cumplidos, de tal forma que el gobierno distrital acogió el llamado de los habitantes del 20 de Julio para hacer llegar el tranvía hasta la iglesia del Divino Niño.
Durante cinco años el padre Rizzo dedicó toda su fuerza a conseguir donaciones para la construcción del templo, que finalmente se inauguró en 1942, creando la parroquia Niño Jesús.
A partir de ese momento, y desde el nuevo templo, la comunidad salesiana se enfocó en la ayuda a los niños más pobres y desprotegidos, de forma que el sector del 20 de Julio, su crecimiento y desarrollo están ligados a la sociedad salesiana. Hoy es uno de los centros religiosos más importantes de la ciudad, sólo sobrepasado por Monserrate. Cada domingo, cerca de 50.000 creyentes se acercan a susurrar sus suplicios, a ofrecer sus agradecimientos y a purgar sus pecados.
Con la construcción de la nueva línea del Transmilenio llegó a este sector una enorme duda, ¿cómo se llamará la estación? Según Diego Suárez, asesor de prensa de Transmilenio, el nombre que llevará el portal será 20 de Julio, ya que, según él, “es un asunto de georreferencia”. Mientras se sigue echando concreto y poniendo varillas, los habitantes del sector recogen firmas para pedirles a las autoridades distritales que la estación lleve el nombre de la iglesia, argumentando que el pasado y el futuro del sector están marcados por la fe de la gente y que ésta tiene un símbolo propio: el Divino Niño.