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Al irme de Colombia, donde he pasado los últimos tres años, no puedo evitar pensar en lo que será este país en la próxima década si en La Habana se logra poner fin al conflicto armado. Puedo imaginar, por ejemplo, cuál sería la agenda de quien me suceda en un día de marzo de 2026, si se mantienen las tendencias de hoy y Colombia logra la paz.
8:00 a.m. Reunión con una misión del Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz de la ONU que está en el país para acordar una nueva contribución de 30.000 cascos azules colombianos en misiones de paz en África y Medio Oriente.
9:30 a.m. Reunión con los ministros de Medio Ambiente y Turismo, uno del Polo y otro del Centro Democrático (ambos miembros de la gran coalición por la nueva Colombia), para hablar sobre el impacto ambiental del flujo masivo de turistas internacionales a las selvas chocoanas, el bajo Putumayo y el Catatumbo. En 2019 se sobrepasó la meta del gobierno de llevar un millón de turistas a zonas del posconflicto, que se cuentan entre las más biodiversas del mundo.
12:00 m. Almuerzo con el nuevo director del Centro Internacional para la Reconciliación y la Justicia Transicional (integrado por exfuncionarios del gobierno y guerrilleros y creado en 2020 para exportar las lecciones aprendidas del proceso de transición en Colombia), para hablar sobre una misión de expertos a Siria con el fin de apoyar el diseño de un esquema de justicia transicional.
2:30 p.m. Reunión con el director de la Agencia Presidencial de Cooperación para discutir un aumento del aporte voluntario de Colombia a las actividades humanitarias de la ONU en otros países.
5:00 p.m. Reunión con representantes de los partidos políticos y la sociedad civil sobre la conmemoración de los diez años de la firma de la paz y del pacto nacional que logró reunir a todos los sectores políticos en torno a los acuerdos de paz. La delegación incluye a los representantes de las víctimas que en 2017 recibieron el Premio Nobel de Paz.
En situaciones de guerra, lo más difícil para una sociedad es imaginar cómo será la paz. Hace cuatro años, llegar tan lejos en los diálogos entre el Gobierno y las Farc parecía un sueño. Al igual que lo parecía reducir la pobreza extrema en un tercio en cinco años o disminuir la tasa de homicidios en 25 por ciento.
Pero la paz es posible y Colombia nunca antes ha estado tan cerca. La gran pregunta es hasta qué punto una masa crítica de la sociedad de hoy va a comprometerse con la implementación de los acuerdos de La Habana (y, ojalá, con el Eln) para asegurar las transformaciones que hagan posible otra Colombia mañana.
Ese es el país posible. De los colombianos depende hacerlo realidad.
Fabrizio Hochschild*
Coordinador residente de las Naciones Unidas en Colombia.