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El Niño, la paz y lo verde

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El abrasante niño en apogeo, los campos secos y los cerros bogotanos ya ardidos son muestras de la necesidad de una estrategia sólida de crecimiento verde que pase del papel y de la conveniente retórica internacional del Gobierno a realidades palpables en las regiones.

Por: Santiago Villaveces Izquierdo

Especial para El Espectador

Y ¿qué mejor oportunidad que el articular la convivencia pacífica en los territorios con la convivencia regeneradora de sus habitantes con sus entornos naturales? Las plataformas conceptuales, los esbozos de políticas, las promesas de recursos y ejemplos exitosos a nivel local están. Una ruta clara y una voluntad política real basadas en perspectivas no polarizantes entre sociedad y medio ambiente hace falta; más cuando el país ha estado apostándole a construir su seguridad energética en carbón y petróleo, dos recursos que a la postre son inviables para una trayectoria de crecimiento sostenible a mediano y largo plazo.

Por fortuna existen espacios de innovación y corresponsabilidad que no atraviesan las lógicas del clientelismo, el centralismo, y la inoperatividad que hay que conocer y rodear, para exigir a los ministros de turno y al Congreso que cumplan a cabalidad su deber constitucional de salvaguardar el derecho a la vida que atraviesa la paz entre ciudadanos y de estos con el medio ambiente.

El Instituto Holandés Clingendael, con aportes del CDKN, lanzó un estudio del crecimiento verde en Colombia que resalta los intereses, tensiones, contradicciones y oportunidades para la viabilidad de estas políticas en el país. Se resaltan elementos que unen ambiente, paz y desarrollo: enverdercer los sectores siguiendo las recomendaciones de la OCDE y apalancando su cumplimiento en los territorios; anudar paz territorial con paz ambiental respetando los procesos de ordenamiento territorial y alineando los usos de la tierra entre todas las agencias públicas; articular el desarrollo sostenible con la biodiversidad y los servicios que ésta ofrece; revisar los efectos de las industrias extractivas sobre la construcción de paz; fortalecer el Sistema Nacional Ambiental evidenciando su rol en la construcción de paz territorial; potencializar y elevar a nivel nacional la innovación en territorios y en empresas líder del sector energético; socializar y expandir modelos empresariales regulados por el Sistema B en los territorios, en especial en aquellos donde los esfuerzos para la consolidación de paz son más exigentes.

La promesa de una verdadera paz territorial entre habitantes y sus entornos está en saber tejer estos tres ejes para que ejerzan el suficiente apalancamiento social y político que desarticule la obsoleta y excluyente visión centralista, clientelista y sectorial. Ojalá dentro de unos años no estemos viendo de nuevo a la Corte Constitucional como la única instancia que defiende el patrimonio natural nacional y anticipa nuevas violencias por los recursos, sino más bien territorios fortalecidos donde la paz es sinónimo de la integración entre sociedad y ambiente.

* Economista y Magister en Desarrollo de la Universidad de los Andes, y PhD en Antropología de Rice University.

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