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Una carta sobre el proyecto «Colombia 2020, construyendo país”.
Periodismo para la democracia
Con beneplácito recibimos la noticia del director de El Espectador, don Fidel Cano Correa, sobre el proyecto periodístico y pedagógico para los próximos cuatro años: “Colombia 2020, construyendo país”.
Se trata de un proyecto necesario y pertinente, es más, absolutamente indispensable para el cubrimiento informativo de la nueva etapa que se avecina con la firma de La Habana.
Algo así como un nuevo periodismo de contexto para el posacuerdo, que dé elementos de juicio a los lectores para poder entender los conflictos sociales y políticos con una nueva óptica pacífica, que permita resolver las diferencias naturales de toda sociedad mediante métodos consensuados para la construcción de la democracia.El tema es apasionante pues tiene mucho de incertidumbre ante los grandes privilegios e intereses que juegan en el escenario del posacuerdo. Por eso no va ser fácil la tarea de un periodismo alternativo que sepa conjugar la veracidad de la información con la investigación y veeduría de los procesos institucionales para la implementación y el cumplimiento de los acuerdos de La Habana.
Pero no sólo se trata de información, participación e investigación, sino también de interpretación. Vale la pena recordar la columna de María Jimena Duzán sobre la crisis del periodismo —Semana 1764—, que cae como anillo al dedo, y sobre todo la última —1765—, donde pone al descubierto el tratamiento espectacular e irresponsable que le dieron los medios a la visita de los comandantes negociadores de las Farc a La Guajira para hacer pedagogía de la paz. Al establecimiento le importa un pepino hacer política armada, lo que le preocupa en el fondo es una tribuna para las Farc.Y Juanita León, directora del portal La Silla Vacía, dice al respecto en el mismo semanario: “Otra cosa es qué tanto los periodistas ejercemos esa libertad. Ese ejercicio está muy limitado, por ejemplo, por las condiciones laborales. Esto hace que en gran parte del país los periodistas no cuenten lo que saben, sino aquello que le interesa al que le paga la pauta, que equivale a su sueldo. Los periodistas saben mucho más de lo que publican”.
Y más adelante afirma: “El periodismo colombiano sí está en mora de hacer una verdadera autocrítica. Los periodistas hemos sido incapaces de mostrarles a los colombianos realmente qué es lo que se nos viene, cómo son las Farc, cómo actúan, cuáles son sus fuentes de poder, dónde está su plata, o tenemos una agenda demasiado estrecha, un exceso de opinión y muy poca información”.
Más claro no canta un gallo. En términos generales, un periodismo irrespetuoso, vandálico, sensacionalista y violento. Con muy contadas excepciones. Pero eso tiene sus raíces profundas, que no es el momento para comentar. Por eso recomiendo, con respeto, la lectura de la entrevista con el escritor Umberto Eco, quien murió la semana pasada, filósofo, semiólogo y novelista, autor de la famosa El nombre de la rosa, y de su última novela Numero cero, donde hace una crítica profunda a las relaciones del periodismo con el poder económico, con la política y con la corrupción, y además con las redes sociales e internet.Para terminar quiero manifestar mi complacencia por el proyecto de periodismo pedagógico de El Espectador, que, en otras palabras, es el periodismo alternativo que necesitamos para la construcción de la paz y de la democracia.
José Tiberio Gutiérrez
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.