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El video dura dos minutos y 26 segundos. Lo suficiente para terminar con los pelos de punta y un escalofrío tenue que baja por la espalda. Al fondo se escucha una música triunfal que acompaña la voz de Enrique Peñalosa mientras presenta una Bogotá mejor, una ciudad de ensueños, lo que debería ser la capital.
El video, que salió el 26 de agosto de 2015 para su campaña, plantea que Peñalosa, de ser alcalde, prolongaría dos o tres kilómetros hacia el occidente la construcción de la línea del metro para que se conecte con lo que sería el gran parque Gibraltar. (ver Con el metro transformaremos el suroccidente de Bogotá)
Peñalosa narra que el parque tendría “piscinas, gimnasios, danza, cineclub, canchas de fútbol de pasto sintético, en fin todo lo que haga que la comunidad tenga un tiempo libre cada vez mejor”. Inmejorable.
Pero una mirada más de cerca de su plan muestra que el lote donde quería hacer el parque Gibraltar estaba asignado para la terminal de metro del sur en el plan que ya se encontraba aprobado.
Ahora bien, una vez electo, el 9 de enero Peñalosa anunció, como quien no tiene memoria, que el mencionado lote, destinado primero para el metro y después para su parque, sería para construcción de viviendas. (ver Noticias RCN Peñalosa)
Ni parque, ni metro, así de claro y así de sencillo.
Lo que sí anunció de manera inequívoca ese mismo día fue la construcción de tres nuevas troncales de Transmilenio, incluso una por donde iba a pasar la línea del supuesto metro. (Ver Troncal por la Cali y troncal por la ALO)
Todo parece una meticulosa estrategia de Peñalosa para tachar la palabra metro de los planes de Bogotá, y cambiarla por troncales de Transmilenio.
Es entendible, ya que de implementar ese servicio de buses articulados en otras partes del mundo y de dar charlas como conferencista sobre el éxito de Transmilenio, es de lo que ha vivido Peñalosa cuando no está en el Gobierno. (Ver Un trancón de intereses)
Y de algo tiene que seguir viviendo cuando salga de esta Alcaldía.
Por eso defiende el servicio a capa y espada, ahora culpando a las anteriores administraciones de la crisis en el sistema de transporte y de los problemas en la plataforma.
El 10 de febrero de 2016, el alcalde Peñalosa trinó categórico, en medio de las manifestaciones y protestas en el sector del Tintal y Américas, que la responsabilidad era de la pésima gestión en movilidad de los gobiernos pasados, además de que los buses se varaban por culpa de la irresponsable decisión de prorrogar contratos y operar esos motores con más de un millón de kilómetros. Incluso llegó a afirmar que los impuestos que pagaban los ciudadanos debían destinarse a reparar buses y estaciones en lugar de hacer colegios, hospitales o vías. (Ver Es culpa de Petro)
Suena un poco extremo priorizar los buses sobre la salud de los enfermos y la educación de los menores, pero no lo es tanto cuando uno entiende que el alcalde no esta priorizando la movilidad sobre esas otras esenciales áreas, sino sobre su legado personal.
Un legado que cada vez falla más en Bogotá y en otras ciudades del mundo donde se ha implementado el sistema BRT de la mano de Peñalosa y el ITDP, como en Yakarta, Indonesia, donde también se postergó la construcción del metro en el 2000 para la implementación y copia exacta del Transmilenio. (Ver TransJakarta: otro caso de “éxito”)
Ahora bien, como demuestra Carlos Carrillo en su análisis, TransJakarta no resultó tan exitoso ni cumplió con las expectativas, y en el 2013 el Gobierno fue obligado a comenzar la construcción de dos líneas de metro pesado. La respuesta de Peñalosa fue que eso era irracional. (Ver Peñalosa ataca metro en Yakarta)
Irracional resultan los ataques, las trabas constantes y las demoras del alcalde para no construir el metro, que ahora anunció puede estar para el 2022, todo para no contradecirse como alcalde lo que ha dicho como consultor, o como conferencista en donde repite, una y otra vez, que Transmilenio ha sido sólo éxito. Lo que es claro es que para que lo siga siendo necesita de un metro.