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Cavernícolas

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Por momentos, cuando nos ponemos a observar con perspectiva histórica las variables de nuestra realidad y los retos a los que actualmente nos enfrentamos, no parece equivocado afirmar que aún nos encontramos ocupados resolviendo los problemas que afrontaron quienes nos antecedieron en las etapas más tempranas de nuestra civilización.

Nuestro sistema político y social parece detenido en la prehistoria. En Colombia nos la pasamos delineando a cada rato las reglas para que no nos maten y la forma para castigar o perdonar a los que nos están matando. En lo que va de este año los juzgados civiles y de familia no han abierto al público. Hemos fracasado en el objetivo de tapar los huecos de las vías y también en el de dar estabilidad a un sistema político sobre el cual, luego de 11 cambios constitucionales, todavía debatimos si merece cambios en materia de equilibrios, como si apenas antes de ayer se hubieren publicado el Espíritu de las Leyes (Montesquieu, 1748) o el Federalista No. 51 (Madison, 1788).

Así las cosas, mientras en Estados Unidos se expide regulación para permitir la explotación minera por particulares en los asteroides, aquí algunos idiotas dedican su vida, invierten recursos públicos y ocupan su agenda en impedir que se puedan explotar los recursos naturales con compensaciones ambientales adecuadas. Y así, cada debate en Colombia es una regresión a la edad de piedra y no un viaje hacia la construcción de un futuro mejor para todos los ciudadanos. Aquí los niños se mueren de hambre y desnutrición mientras que en el mundo se inventan sensores que permiten a las plantas enviar un tuit para avisar cuando necesitan riego o a las vacas anunciar cuando deben ser inseminadas. Quienes capturaron el poder en beneficio propio buscan prohibir Uber, y luego irán por Netflix, por Airbnb‎, y más tarde buscarán acabar con las posibilidades de financiamiento a fabulosos emprendimientos como los que permite el crowdfunding.

Luego, las mismas compañías frente a las cuales hoy se acumulan las quejas sin resolver de miles de usuarios inconformes, buscarán hacer que se prohíba el internet gratuito que ofrecen los globos aerostáticos del Project Loon de Google, y probablemente Fecode convocará un paro nacional indefinido cuando se entere que existen tabletas que permitirán a los niños de zonas apartadas aprender a leer y escribir sin la asistencia de un maestro. La Corte Constitucional, apelando al derecho del paciente a ser atendido por humanos, el cual elevará a rango constitucional, probablemente declarará inexequible el funcionamiento de una app digital que está a punto de lanzarse para que las personas puedan capturar las métricas clave de la salud y hacer diagnósticos en cualquier parte y a cualquier hora, en relación con un conjunto de 12 enfermedades.

Y mientras sigamos comportándonos como cavernícolas seguiremos transitando en este trágico camino espiralado que no conduce a parte alguna; y seremos espectadores de una revolución tecnológica liderada por países, empresas y los más ingeniosos emprendedores que usan el poder exponencial de la tecnología para cambiar también exponencialmente la suerte de millones de personas.

Y nosotros ahí, afirmando que la máquina tapahuecos es investigación científica y debatiendo por la suerte del actor/empresario que la promovía.

@NicolasUribe

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