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“Invitamos a líderes políticos de diversas orillas y a nuestros columnistas a reconocer algo valioso en aquellos con quienes usualmente están en desacuerdo e, incluso, en confrontación. (…) En la política se combaten ideas, no personas”. Editorial El Espectador (22-12-2024)
DE: Andrea Padilla, senadora del Partido Alianza Verde
PARA: Marcos Daniel Pineda, senador del Partido Conservador
El primer golpe político que sentí como un puño en el estómago me lo propinó el senador Marcos Daniel Pineda: entusiasta ganadero cordobés que, a nuestro primer esfuerzo por poner en la agenda legislativa la prohibición de los barcos de la muerte —como he calificado las exportaciones marítimas de miles de toros vivos hacia países del Oriente Medio—, llevó a nuestro encuentro a decenas de ganaderos que nos dejaron claro que, mientras esté en sus manos, no permitirán que se afecte un negocio que consideran próspero, aunque a mí y a miles de colombianos nos cause horror.
Sin embargo, su gentileza y mi tranquilidad nos permitieron darnos un apretón de manos y acordar, tácitamente, una suerte de pacto de buen entendimiento para los cuatro años de trabajo en la misma comisión. De hecho, debo reconocer que el mismo senador que en el trámite de la reforma tributaria me dijo, en tono rancio, “no se salte la cerca, senadora Padilla” —por mi empeño de que aquellos exportadores de seres vivos al menos pagaran impuestos—, me ha brindado su apoyo en otros proyectos de ley orientados, como mi vida, a la defensa de los animales.
Hoy le agradezco a Marcos Daniel ser el puente que nos ha permitido escuchar, sin hostilidades, a quienes defienden ferozmente las corralejas: esa barbarie que jamás podré comprender, mucho menos aceptar por su violencia descarnada, pero que, lamentablemente, cuenta con respaldo político y gusta a un sector de la población. Esta realidad nos ha llevado a optar por una vía reglamentaria, no prohibitiva, que desincentive tal atrocidad mientras la cultura de nuestro país se pacifica y el Estado llega a las poblaciones que hoy sobreviven a punta de pan y circo. Pues siendo nuestra misión en la vida buscar lo mejor para los animales, mal haríamos en rancharnos en un proyecto de ley que no tuviera posibilidad de prosperar. En ese propósito, el senador Pineda ha sido y será importante.
Por eso apoyé su candidatura a la presidencia de la comisión quinta del Senado, aunque tal decisión me costara la ira dogmatizada de las bodegas de izquierda. Siempre preferiré a la gente frentera, clara en sus actuaciones, respetuosa del trabajo de los demás, cuidadosa en el trato y con quien es posible dialogar pese a las diferencias ideológicas que, en este caso, son profundas. ¿Por qué descalificar a una persona por el solo hecho de que piensa distinto a uno? Quien no esté preparado para llegar a acuerdos con los contradictores, tampoco lo está para la democracia. Otra cosa sería si el adversario embistiera, llenara el espacio de la palabra con insultos o actuara de forma agazapada.
Pero este señor, con quien nos hemos tomado más de un tinto y hemos compartido algunas risas, es un caballero en el trato. Buscar cancelarlo acusándolo de “ganadero y taurino” es una bajeza que raya en lo infantil. En lo que a mí respecta, me quedo con el apoyo que nos brindó en el trámite de los proyectos de ley de prohibición de corridas de toros y de esterilización, con su gentileza, y con las garantías en el debate que nos ha brindado a los integrantes de la comisión.
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