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Secretas voces bisiestas

Arturo Guerrero
25 de febrero de 2016 – 09:54 p. m.

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Nada es casual, todo es causal. La casualidad es ignorancia de las causas. La mente humana es la única que se abisma ante las aparentes coincidencias, precisamente porque desconoce los engranajes escrupulosos que hacen rígido el orden general.

Pero para el universo, para la vasta mente del cosmos, todo breve suceso es resultado de miríadas de similares parpadeos del viento o del tiempo. Contemplar en noche limpia la luz puntuada de los luceros ayuda a calcular la relojería implacable, necesaria para que no nos caiga encima tamaña multitud de peligros.

De manera que la circunstancia de que este año 16 sea bisiesto y el próximo lunes aparezca como día descarriado, obliga a ponerse serios. No es una concurrencia distraída de parte de los demiurgos, no puede tratarse de una distracción de la máquina que tasa sin descuentos cada segundo y cada milímetro.

Hay aquí un lenguaje que pide discernimiento. Alguien formula señales para alguien. ¿A quién le regalan 24 horas en este mundo que hace rato decretó que el tiempo es oro? ¿Cuánto vale el oro escaso del 29 de febrero?

La primera evidencia dice que los minutos y horas del próximo lunes deben tomarse como lapsos separados de la molienda temporal. Son tiempo segregado del transcurrir ordinario. Correrán como instantes ofrecidos cada cuatro años a quienes abran la sensibilidad a su rareza.

Claro, no es que exista un almanaque Bristol especial para este día. Ni que los escritores de autoayuda amanezcan con derecho a pontificar sus cápsulas achocolatadas en procura de que la realidad se acomode a los deseos. No.

Es más bien la obediencia a la lógica borgeana que postula cada hecho remoto como componente indispensable para el ser que se es hoy. En este punto encaja la tarea individual de habitar en forma particular la ociosa jornada bisiesta.

¿Ociosa? Sí, en vista de que el tiempo adicional del 29 es sobrante dentro de la contabilidad utilitaria del año, la excelsa manera de vivirlo no puede ser otra que el recreo.

Cómo será de extraño el día bisiesto que ni siquiera ha sido declarado festivo, como los que originan los tantísimos puentes del almanaque laboral. Nadie ha sabido dónde ponerlo, ni las religiones ni los gobiernos ni los creadores de mitos. Los días bisiestos son pura materia mensurable, ofrecida a la iniciativa personal.

Permanecen colgados en los afiches de los meses, camuflados en medio de la montonera de los días vulgares. Son príncipes peregrinos, confundidos entre muchedumbres plebeyas. Ángeles clandestinos, diría Gómez Jattin.

Por eso es necesario que cada persona los ponga en evidencia, que las mujeres los besen como sapos promisorios, que los niños los inviten a sus rincones de duendes.

Esta tarea, por obvias causas, solo se alcanzar en disposición de ocio, en perspectiva haragana de último día de la creación. Este lunes no es día de negocios, porque el afán de lucro enceguece.

Hay un secreto disponible para quienes sepan escuchar voces bisiestas.

arturoguerreror@gmail.com

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