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Internet y educación de los niños

Rafael Orduz
22 de febrero de 2016 – 09:00 p. m.

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La disparidad en las oportunidades de una buena educación comienza en la cuna. El acceso a los mejores colegios en Colombia depende, principalmente, de la holgura económica de los padres. ¿Cómo meterle gol a la inequidad de oportunidades?

Un elemento clave, entre otros, radica en el uso inteligente de internet. Las herramientas digitales allanan caminos y permiten comunicarse dónde, cómo y cuándo se desee. Internet permite ser cosmopolita. Sin embargo, se desperdicia la oportunidad de lograr un mayor grado de equidad para niños y niñas colombianos al considerar que otorgando aparatos (tabletas y computadores) el asunto está resuelto.

En el mundo hay 3.500 millones de personas conectadas, cifra cercana a la mitad de la humanidad. En Colombia, alrededor del 60% de la población (casi 30 millones de individuos) puede acceder, a través de diversas tecnologías, a internet. ¿Se aprovecha la inmensa posibilidad de democratización del conocimiento que el buen uso de internet permite?

Se cree, erróneamente, que la tasa de éxito del uso de las tecnologías de la información depende, principalmente, de las conexiones a internet. Del número de dispositivos, de la conectividad. A los niños (no a todos) se les están entregando las herramientas físicas, pero no se les aporta en lo más importante: la capacidad de comunicarse entre sí y con el mundo.

Las tecnologías anteriores a las digitales, particularmente la televisión, que penetró de forma revolucionaria en los hogares de todas las condiciones sociales, llegó en una autopista de una sola vía, es decir, sin posibilidades de conversación, de interacción. Sea viendo el gran Chapulín, las series con las que crecieron generaciones, películas, deportes, el televidente ha sido sujeto pasivo.

La magia posible del uso de las tecnologías de la información actuales radica en la doble vía, en la alternativa de la interacción y la colaboración. Por tal razón es que las formas de relacionarnos unos con otros están dando al traste con los modelos pedagógicos y tambien los de los negocios (Airbnb o Uber son ejemplos).

Niños y jóvenes con dispostivos y conectividad a internet, sin el apoyo para crear las capacidades de comunicación y colaboración que la tecnología permite, equivale (según el publicista Carlos Duque) a ingresar a un supermercado sin saber qué se quiere. El apabullante supermercado de información en internet, sin saber cómo se transita en los pasillos, puede culminar en usuarios que priviligien la violencia virtual, el porno y el chisme.

La colaboración, la posibilidad de desplegar la creatividad, la facilidad de auto-aprender, son verdaderas potencialidades que pueden contribuir a que niños de regiones apartadas y de los sectores más humildes de las ciudades puedan acceder, en mejores condiciones, a una mejor formación y, por ende, a mejores posibilidades laborales. Sólo falta que los adultos que diseñan y ejecutan las políticas, y los docentes, lo entiendan.

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